Mi madre era hermosa,
-todas las madres lo son para sus hijos-
desde la del polluelo de alcatraz
hasta la del cachorro de foca,
todas, sin excepción,
son hermosas a los ojos de su prole,
incluso aquéllas desnaturalizadas
que no cuiden y amen su progenie.
Mas mi madre me amaba,
era una estrella en el firmamento
de mi existencia
-la estrella-
ella alumbraba con fulgor solar,
proporcionaba calor a mi vida,
brillo a mi mirada
en la tierna infancia,
apoyo en mi juventud,
comprensión llegada la edad adulta.
Mi madre era hermosa,
como lo son todas las madres,
como lo son las cenizas de los recuerdos,
como lo es la vida a pesar de sus trances.
Mayte Dalianegra.
Pintura: “Lección de música”, (1877), Frederic Leighton.
-todas las madres lo son para sus hijos-
desde la del polluelo de alcatraz
hasta la del cachorro de foca,
todas, sin excepción,
son hermosas a los ojos de su prole,
incluso aquéllas desnaturalizadas
que no cuiden y amen su progenie.
Mas mi madre me amaba,
era una estrella en el firmamento
de mi existencia
-la estrella-
ella alumbraba con fulgor solar,
proporcionaba calor a mi vida,
brillo a mi mirada
en la tierna infancia,
apoyo en mi juventud,
comprensión llegada la edad adulta.
Mi madre era hermosa,
como lo son todas las madres,
como lo son las cenizas de los recuerdos,
como lo es la vida a pesar de sus trances.
Mayte Dalianegra.
Pintura: “Lección de música”, (1877), Frederic Leighton.



