domingo, 19 de julio de 2009

LA CANTINA DE LA LEONA

atv_to_iss_l La Estación Espacial AC-3 se ubica en los confines de nuestro sistema solar, más allá de la órbita del planeta enano Plutón. De forma cilíndrica y con una gravedad muy estable, es lugar de visita ineludible para aquellas naves interestelares que pretenden iniciar su singladura en pos del hiperespacio.
Dichas naves pueden aprovisionarse a fondo en la estación, adquiriendo los más diversos productos necesarios para garantizar un viaje grato y placentero. Varios gigamercados se encargan de satisfacer al más exigente consumidor.
La Estación Espacial AC-3 ofrece también actividades y establecimientos dedicados al ocio, para que los tripulantes y pasajeros de paso empleen su tiempo libre y se diviertan a sus anchas con un amplio abanico de lúdicas posibilidades.
Uno de estos locales que brindan entretenimiento al visitante es La Cantina De La Leona. De modestas dimensiones, es ante todo un sitio íntimo, agradable, acogedor…
284732-Leones-disecados-0 La cantina toma su nombre de una enorme leona del Atlas, disecada por algún malévolo taxidermista, que se alza altiva sobre una plataforma de centelleante acero, dominando a la concurrencia. La clientela se agrupa en torno a pequeños veladorcitos circulares, iluminados tenuemente mediante lamparillas de mesa que emergen en el centro de los mismos. Los citados veladores bordean un minúsculo escenario desde el cual algunos artistas deleitan al variopinto público con sus actuaciones.
El tequila corre a raudales cuando Lola sube a ese escenario, enfundada en un ajustadísimo traje negro de charro con las 2011305 botonaduras de plata. Luce asimismo, un pesado sombrero mexicano con bordados de pedrería, sobre su brillante melena del color del azabache.
Apenas comienza a entonar un corrido, esta mariachi femenina, recibe ya una primera ovación de los espectadores que abarrotan el garito. Es la estrella indiscutible del lugar y a su vez la propietaria del mismo. Hubo un tiempo en que compartió con su marido la regencia del pequeño cabaret, pero él se fue con otra fémina más joven, dejándola sola, abandonándola a merced de sus incondicionales seguidores.
No obstante, Lola no se arredra ante nada, es una mujer fuerte, hecha a sí misma y confía en Tiké, la diosa Fortuna, aquélla que ya le proporcionase la dicha de conocer a su nuevo amado. Un amor inconfesado aún, secreto, que ella guarda celosamente en lo más profundo de su ser.
Y ahora él está ahí, frente a ella, sentado ante una de las mesillas, justo delante del escenario. La mira embelesado, con los ojos húmedos, con los labios entreabiertos, esbozando una ligera sonrisa y aplaude con fuerza, con fiereza, cuando Lola, tras un breve saludo, emite las primeras notas de su canción.
México D.F. Salón Tenampa en la Plaza Garibaldi Él también la ama, como amó a otra Lola, a su Dolores, su compañera de tantos años difíciles, mujer de excepción, una de entre un millón. Su Lola tenía los más arrebatadores ojos verdes que él nunca hubiera visto. Una mirada felina, rasgada, hechizante…empero también se fue un día. Partió sin previo aviso a bordo de una embarcación vikinga…
Él la siguió en un viaje digno del mismísimo Orfeo, pero, considerando oportuno realizar una escala, recaló en la Estación Espacial AC-3, vagó durante un tiempo indeterminado por callejuelas y callejones, entre el tumultuoso gentío y fue a dar con la puerta entornada de La Cantina De La Leona. La franqueó tras empujarla levemente, quizás animado por el sugerente nombre, los recuerdos de antaño y su amor por la fauna salvaje terrícola, cuando él era guarda del keniata Parque Nacional de Amboseli.
Levantó la vista y ésta se encontró con la imponente figura de la leona, impertérrita, con su aire de reina africana y seguidamente escuchó una voz que parecía provenir de un almacén anexo. Era la de Lola, que le pedía amablemente que abandonase la sala porque aún no estaba abierta al público. Cuando se disponía a irse, ella se arrepintió de su anterior petición y le rogó que se quedase, que le hiciese compañía hasta la hora oficial de apertura.
Entre tragos de mezcal reposado hablaron largamente, sin percatarse siquiera de que la bailarina del vientre egipcia ya se hallaba ejecutando su danza mientras los varones la requebraban con lascivia al avistar sus carnes semidesnudas.
Supo entonces que esta otra Lola, la mariachi, era solamente siete años más joven que él, aunque ni el tiempo ni las vicisitudes de su azarosa existencia habían dejado mella alguna en su nívea piel ni en su carácter de eterna adolescente. De complexión menuda, aunque voluptuosa, sus facciones eran netamente caucasianas, si bien su oscura cabellera y su primer apellido, Ixtlilxochitl, de claro origen nahua, eran herederos de un antepasado paterno, descendiente directo de un soberano chichimeca del México prehispánico, en la madre Tierra.CH
Durante esas horas de sosegada charla, los hermosos ojos negros de él se clavaron en los dorados de ella y viceversa, surgiendo así la semilla de un enamoramiento clandestino que fue “in crescendo” día tras día.
La nave de él permaneció atracada de forma permanente. Mientras, el hombre ocupaba sus jornadas de asueto en acudir a la cantina para así gozar de la presencia de su nueva amada, la que compartía el mismo nombre, impronunciable para él, que aquélla a quien tanto aún quería.
Cuando Lola, su reciente amor, como ahora estaba haciendo, entonaba sus corridos y rancheras, él la sentía próxima, la amaba con toda la pasión de que era capaz su corazón y por unos momentos se olvidaba de su pérdida y su desdicha para desearla y hacerla suya mentalmente. La desnudaba en sus ensoñaciones, podía adivinar incluso el peso de los rotundos senos de ella debajo de aquel ceñido atuendo. Las creía unas formas casi perfectas, suaves y mullidas semiesferas que le remitían a las cúpulas de la lejana Estambul, cuyas sombras cobijaran a sultanes y odaliscas.
Fotografía 8 a Y era tal ya el amor que sentía por esta nueva Lola, tan distinta y tan idéntica a su Dolores, que el alma se le encogía sólo de pensar en ella. Y era tal el frenesí que Lola experimentaba por él, que se estremecía y comenzaba a temblar cada vez que le tenía delante, como en estos momentos.
Sonaron los últimos acordes de "El Rey" y Lola se quitó el sombrero arrojándoselo a su amado, quien lo recogió al vuelo, lo apretó entre sus manos y percibió el intenso perfume que emanaba de él. Era la fragancia de esta hembra cautivadora que había entrado en su vida como una intrusa y a la que ya no podría renunciar jamás. Ambos se miraron mientras sonaban los aplausos y ella hacía una genuflexión. Se miraron muy profundamente a los ojos y emocionados, las lágrimas, incontenibles, brotaron de ellos.
Más arriba, sobre la fría plataforma, la leona también les observaba con sus vítreas pupilas. Muda testigo de un amor aún no declarado, tal vez imposible, allí, en el postrer lindero de nuestro sistema solar, más allá de un pequeño planeta conocido como Plutón… México D. F. trajinera de Xochimilco
NOTA: Este relato ha sido registrado en Safe Creative con mi nombre real completo y el Nº 0903152756828, con todos los derechos reservados, quedando prohibida la reproducción total o parcial del mismo sin el permiso del autor.
Safe Creative #0903152756828

jueves, 9 de julio de 2009

MALDITA NOCHE...

Maldita noche de julio,
y maldita madrugada.

Bajo la oscura negrura,
el cazador se yergue
sobre su presa asustada.
Yace la gacela herida,
en sus ojos: una lágrima.
La mira el trampero, incólume,
sin inmutarse por nada.

Maldita noche de julio,
y maldita madrugada.

La luna, cómplice impía,
les observa en su baranda.
¡Señora de níveo manto,
no permitas la matanza!
La luna, madre del lobo,
le da a éste carta blanca.
Aúlla el predador fiero
y asesta una dentellada.

Maldita noche de julio,
y maldita madrugada.

La gacela ya está muerta
y las estrellas la guardan.
La cubre la Vía Láctea
y hasta el lucero del alba.

Maldita noche de julio,
y maldita madrugada.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "La luna y las estrellas", Alphonse Maria Mucha.

Safe Creative #0907094111271