viernes, 29 de octubre de 2010

TENGO UN AMOR.

Tengo un amor que suspira, con ascuas en las pupilas,
cuando el escarpado horizonte de mis pechos
aflora entre la bruma de su agitado resuello,
o las combadas curvas de mis caderas
inician la tremolante danza de una odalisca del Serrallo.

Tengo un amor que vibra, cuajado de arpegios,
cuando acerco mis manos, esas dos palomas torcaces
ávidas y resueltas, al volcán que se funde entre sus muslos
y origina maremotos de candente lava
bajo la nívea seda que envuelve mi vientre de nereida.

Tengo un amor cuyo sexo palpita con mi sístole y mi diástole,
engendrando movimientos sísmicos y astrales,
rugiendo enardecido con la ferocidad de un león del Atlas,
consumiendo su bravura en el crepitar de las brasas nocturnas
para renacer con las fúlgidas luces del alba, como alado Fénix,
y partir marcando el trote ligero de un unicornio azul.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Odalisque”, (Odalisca), 2009, Kiéra Malone.

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viernes, 22 de octubre de 2010

¿POR QUÉ?

¿Por qué el ayer no nos conforta cuando el beso
enarbola la enseña de la tibieza?
Inquirió la reina Dido a su bien amado Eneas.

¿Por qué la luna se derrama en el azogue de mis versos,
si late en mí la adamantina esperanza de lo eterno?
Interpelo yo, no como la legendaria Elisa,
sino como mies segada antes de la madurez del grano.

¿Por qué tu sonrisa se confunde con la mía
cuando tus ojos encuentran, ávidos, mi lacrimosa mirada?
¿Por qué transmutas mi quebranto en regocijo
cuando el redoble de tus palabras reverbera embotando mis tímpanos?

Yo te lo diré, te lo diré con trova de sirena silenciada por la calma,
con vuelo de libélula trocado en acendrado crisantemo,
con mis manos, que originan tornados entre tu erizado vello,
con mi boca, que se anega acopiando tu saliva en un océano.

Yo te lo diré, te lo diré con saetas inflamadas en pavesas,
te hablaré del satinado rocío que impregna mis ingles núbiles
cuando tus dedos de fauno exploran mis más ocultos senderos,
cuando tu  lengua sinuosa se interna en mi epicentro.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "El despertar de Psique", Gillaume Seignac, (1870 - 1924).

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lunes, 18 de octubre de 2010

DE AMOR Y DE MUERTE.

Fenece Isolda en el agudo trino de una diva,
bajo el plúmbeo telón de la nostalgia,
y en bambalinas, mueren de súbito,
las bailarinas que Degas un día pintara;
el color de sus pasteles delicados
tiñe de sangre zapatillas y tutúes,
se extingue el Céfiro que Botticelli retratara
y la primavera comparte féretro con Venus Urania.

Llega la luna perfumada de tinieblas,
no halla consuelo Tristán en la alborada
y la vida se evade de sus arterias.

El fauno de Debussy no despierta de su siesta,
el verano se aboca en un diluvio de tormentas,
Mallarmé grita enojado asustando a las ninfas
y Baco alza el grial en el funeral de Ofelia.

Sigfrido perece en vano sin saber aún el porqué,
dormida yace Julieta, vela su sueño Lady Macbeth,
un grillo canta en la noche mientras, despierta,
recuerdo que ayer mismo me juraste amor eterno.

Hoy sigo viva,
hoy late íntegro el corazón que a ti te ofrendo,
hoy lucha mi alma, enfebrecida,
para no dejarme aniquilar por el lamento.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Bailarinas de rosa en los bastidores”, Edgar Degas, (1834 – 1917).

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sábado, 16 de octubre de 2010

SONABA UN TANGO DE GARDEL...

Sonaba un tango de Gardel
en la gramola del destino.

Bajo las sienes nevadas por el tiempo
retornan los ojos que vieron florecer
el amor que nos tuvimos, el amor que nos tenemos,
aquél que nunca habremos de perder.

Musita, pesaroso, un errante bandoneón,
entre los serpenteantes nimbos que hilvanan tus cigarrillos,
humo plomizo con áspero sabor a absenta,
noches quebradas por el eco de un tacón.

Vuelve la frente sobre el paso de la vida,
marchita y argéntea,
oteando en las sombras de un ayer que lo fue todo,
de un hoy que apenas es nada,
de un mañana que vendrá rasgándonos la mirada,
deteniendo nuestros sueños sobre barcos de papel.

Y volver y volver,
apurando la verde corola de una copa,
libando la savia de la amarga cicuta que acendra en nuestros labios,
brindando por un futuro que nunca será nuestro,
fundiendo los brazos en un crisol de fortunas
asidos a la promesa esperanzada del recuerdo,
girando, como derviches, en el eje mismo del universo.

Sonaba un tango de Gardel
tras el desvaído reflejo del otoño…

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Provocation”, (Provocación), 2008, Hamish Blakely.

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SILENCIO.

Hoy mi voz se engalana con el moho del silencio,
de ese pesar oscuro que desgarra,
que revienta las entrañas.

Supe, tarde, pero supe,
que la flauta que nacía en mi garganta
emitía la irritante salmodia de las sirenas,
de aquellas maléficas criaturas
que, con su canto, las naves en las rocas encallaban.

Decidí entonces mutar por tristeza mi natural alegría,
orlar de negros crespones mi sonrisa,
ornar de lágrimas mi otrora centelleante mirada,
gozar de la eterna compañía de la nada…

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Ulysses and the Sirens”, (Ulises y las sirenas), 1910, Herbert Draper.

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jueves, 14 de octubre de 2010

TE VI PARTIR...


Como Circe viera partir a Odiseo rumbo a su ansiada Ítaca,
así te vi partir, en la afilada arista de la medianoche,
desde una excelsa baranda custodiada por Selene,
y el alma, ya nudo gordiano, se me aherrojó a la laringe.

Tremolaba entonces tu diestra como carnal oriflama,
preñándome el corazón  con el dulce y untuoso esperma de tu amor.

Ahora, en el ábaco infinito del horizonte,
vislumbro el árido vacío que tu ausencia me lega,
nacen en mí inagotables mares muertos de lágrimas
cultivando una infructuosa cosecha sobre surcos de sal.
¡Ni la Cartago destruida atisbara tan gran espectro en ruinas!

La nostalgia me disuelve las vísceras
que fueron tu feudo durante unas horas,
para evocar tu nombre y tu figura,
para lamer el aire que respiras,
para postrarme ante el rastro impreciso de tu sombra
y beber de ella con la sed secular de un camélido
tras una sofocante travesía por baldías dunas,
deleitándome, con su acre sabor a recuerdo,
en la infinita prodigalidad del alba.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Circe offering the cup to Ulysses”, (Circe ofreciendo la copa a Ulises), 1891, John William Waterhouse.  Colección Andrew Llyod Weber.
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sábado, 9 de octubre de 2010

ERES MI TODO.

Eres mis ojos,
derramando un firmamento azulado y límpido,
exento de algodonados nimbos,
cuajado de palpitantes estrellas.

Eres mis oídos,
descargando el estrépito de la tormenta
sobre una sinfonía de cítaras y clavecines,
de laúdes y vetustas violas de gamba.

Eres mi nariz,
percibiendo el aroma de las madreselvas
que anidan en la médula de los caducifolios bosques
poblados por la herrumbre del tiempo.

Eres mi boca,
catando el sudor salobre
que delinea tus músculos tensos,
dispuestos para el fragor de una batalla de espasmos.

Eres mis manos,
acariciando tus voluptuosas formas de macho,
aquéllas que palpan la esponjosa materia
de la que están confeccionados los cometas.

Eres mis cinco sentidos,
el sedimento primigenio que originó el cosmos,
el sustrato que alimenta una irreductible estirpe de dragones,
eres, en definitiva: ¡mi todo!

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Even”, (“Par”), 2007, Angela Fraleigh.

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