domingo, 17 de julio de 2011

A LA CATRINA O A MI ÚLTIMA TARDE.

La tarde olía a nardos y mezcal,
ella estaba allí,
el porte arrogante,
la mirada altiva,
y una voz profunda
nacida de mares.

Venía del brazo de un viento ardiente,
cromada de nácar,
ungida de plumas,
y tras sus espaldas,
la observaba Frida.

Ella estaba allí,
en esa alameda,
rodeada de hombres,
mujeres y niños.

Tarde de domingo,
ella me miraba
como sólo mira el sediento al vino.

Tarde de domingo,
esa última tarde
que pasé contigo.

Mayte Dalianegra.

Pintura: detalle de “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, (1948), Diego Rivera. Museo Mural o Pabellón Diego Rivera en la Alameda Central. México D. F.

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 Nota: “La Catrina” es un personaje, ya mítico, creado por el ilustrador decimonónico mexicano José Guadalupe Posada, denominado originalmente como “Calavera garbancera”, en alusión al término “garbancero”, utilizado para designar a los indígenas y mestizos mexicanos que renegaban de sus orígenes para aparentar ser descendientes de europeos. Fue creada como caricatura de la clase social alta del México prerrevolucionario, pero también como una sátira a aquéllos que, sin tener nada, querían aparentarlo todo, motivo por el cual se la representaba ataviada con sombrero de plumas, pero desnuda, como su propio autor la describe: ..."en los huesos, pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz".

Tiempo más tarde, el genial muralista mexicano Diego Rivera, admirador incondicional y, en cierto modo, heredero de José Guadalupe Posada, quiso rendir al mismo un homenaje, incluyendo, como motivo central, al personaje de la Calavera garbancera en el enorme mural, (15 metros de longitud),  que pintara, en 1948, para el comedor del Hotel el Prado.

En dicho mural, Diego Rivera intentaba representar la azarosa historia de México desde su conquista hasta los inicios del siglo XX, incluyendo a Hernán Cortés y a tres de sus más destacados mandatarios: Benito Juárez, Porfirio Díaz y Francisco Madero. Él mismo se representaba como adolescente al lado de su segunda esposa, la afamada pintora Frida Kahlo, ambos flanqueando a la “Calavera garbancera”, que el mismo Diego bautizó como “la Catrina”, pasando a ser éste un ser mítico, entroncado con las tradiciones nahuas del culto a los muertos y al inframundo y siendo la representación de la propia muerte, muy venerada el 2 de noviembre, día de difuntos, donde una nueva tradición establece que la Catrina visita, uno por uno, todos los cementerios y comparte ofrendas y alimentos con los muertos y sus familiares.

En 1985 el Hotel el Prado sufrió graves daños a consecuencia del gran terremoto que asoló el Distrito Federal, y un año más tarde, en 1986, se creó el Museo Mural Diego Rivera, un pabellón creado para albergar tan extenso mural en medio de la Alameda Central, el lugar donde el pintor había situado la escena del fresco, un hermoso parque del siglo XIX que se ubica en el centro histórico del D. F. al término del Paseo de la Reforma y a escasos metros de la célebre Plaza del Zócalo. 

Yo misma pude ver el mural in situ, en el año 2003, y su huella ha inspirado este humilde, pero emotivo poema, homenaje a José Guadalupe Posada, a mi admiradísimo Diego Rivera y al entrañable, (quizás porque la muerte para los mexicanos, dada su influencia indígena, se tiña de esperanza, casi de júbilo,  y no de pesimismo), personaje de la Catrina.
Pintura: “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, (1948), Diego Rivera. Museo Mural o Pabellón Diego Rivera en la Alameda Central. México D. F.