domingo, 29 de mayo de 2011

ESPEJISMO DE AMOR.

¿Cómo no habría de ilusionarme el amor,
si él siembra mis mejillas de eternas primaveras?
¿Cómo no habrían de ilusionarme las luces
que expanden al unísono tus pupilas esmeraldinas?
Ay, amor, amor de siestas y bacanales,
lúdicas de erotismos encendidos
sobre praderas vestidas de sangrientas amapolas.

Es el amor una ilusión, un espejismo,
una luz difusa que ilumina el corazón
cuando la memoria del tiempo propaga su estertor.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Wedded", ("Conyugal"), 1882, Frederic Leighton, Art Gallery of New Wales,  Sidney.
Safe Creative #1105289325055

viernes, 20 de mayo de 2011

ME HAS TRAÍDO LA DICHA.

Me has traído la dicha
cuando el corazón me latía despacio,
desvanecido por el dolor,
fragmentado en millares de partículas,
como un vidrio templado
roto por la desidia y el desamor de quien
retribuía mis afectos con las miserias del engaño y la traición.

Llegaste con el embate de las olas
de un océano profundo y abisal,
con el latido del Magreb en los ventrículos
y el aroma de una concubina sellándote los poros.

Llegaste, amor,
con furia de eterna primavera,
la de esas esmeraldas que guarnecen tus cuencas
y brillan cual cometas bajo tus pobladas cejas.

Me legas la pasión por tanto tiempo deseada
y en mis labios una sonrisa de amapola fresca,
roja y rozagante,
de pétalos de seda prestos a volar con los alisios.

Me quedo con el virginal sabor de tus labios
y el deseo humedeciéndome los muslos,
me quedo rebosante como hembra en plenilunio,
ávida de tu imagen, de tus efluvios,
del salobre regusto de tus músculos.

Me quedo, amor,
con la esperanza de verte a cada minuto,
de saber de ti, de tus pormenores,
de vivirte en cada una de tus letras,
en cada uno de los sonidos que nacen en  tu boca,
pues mi vida sin ti sería una lóbrega caverna,
un agujero inmundo,  triste y oscuro, del que jamás lograría huir.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Paolo y Francesca”, Edward Charles Halle, (1846-1914).

Safe Creative #1105209259699

viernes, 13 de mayo de 2011

EL AMOR


El amor que siento por ti
nació del áleph
cuya ínfima cifra
progresó en caracolas de fuego.
Fue un cigoto invisible
germinando en una vaina de crisálida
y, luego, una madeja de alas batiéndose
con suavidad de terciopelo.

Ofuscado, se enquistó en mi pecho,
y ahí se enconó su llama, afiebrándome.
Se enredó también en mis brazos y en mis piernas,
y su viento ululaba con el vértigo de la alondra,
y se mecía en mis venas como un pez sedoso
de agallas abiertas.

Pero ahora tiembla en mis mejillas
el pozo sobre el que se balancea y chapotea
una luna descolgada, y me turban las nubes
con bordes de acero.

No quiero que ningún arcángel
me expulse de tu carne sagrada.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El beso" (1859), Francesco Hayez, Pinacoteca di Brera, Milán

Copyrighted.com Registered & Protected 
MCS7-CRNP-TV5U-SKSR