domingo, 29 de abril de 2012

SUS OJOS ERAN VERDES

A una modelo prerrafaelita

Sus ojos eran verdes, de marina
calma en un día gris.
Fraguaban las pupilas
aquellas ocasiones encantadas
que en el lecho pasara,
tendida sobre hollín,
soñando que él la amaba.

Sus ojos eran verdes, de marina
con un brillo de plata,
los labios de naranja, la sonrisa
perdida en pleamares de utopías,
y atada con un lazo, la melena
bermeja, azafranada.

Su nuca era una perla
nacida en una valva,
¿acaso era Afrodita
o solo era una dama?
Sus ojos eran verdes, de marina,
no creo que importara.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Il Ramoscello” (1865), Dante Gabriel Rossetti, Fogg Art Museum, Harvard University, Massachussetts, United States
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GREGUERÍA DE LOS LEOPARDOS

Los leopardos son panteras vestidas de gitana.

Mayte Dalianegra

Pintura de Achilles Droungas
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viernes, 27 de abril de 2012

CARACOLA MARINA


Baila en tus pupilas
una luna llena
que con su aura a ras de suelo
te lame los muslos
de arena y revela un bajío rojo.

Me miras
como el coral que ansía la transparencia
y requieres de mí
carne suave de caracola,
escarchada de sal,
ebria de espuma, con un mar palpitando
en sus volutas, para en esas olas
aliviar tu boca de su hambruna.
Jugosa y suculenta,
enciende en tu lengua una rabiosa llama
cuando la rastrea con brisa curtida
bajo el sol del trópico.

Ondulante, concéntrico,
un rumor ciego atraviesa manglares
hasta blandir el exiguo filo del gemido.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Martín Laspina

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lunes, 23 de abril de 2012

ARIADNA A TESEO

Extinta la llama de tu deseo,
consumida tu pasión
antes de que el fuego decline en ascuas,
me abandonas.

Quedo varada en inefable playa
como sirena que ha perdido
el encanto de su garganta,
como ballena arrastrada por el peso de sus pesares,
por esa plomiza masa de llantos
que envuelven, como un sudario,
a quien siente el rechazo del que tanto ama.

Quedo aquí, custodiado mi sueño
por las oceladas fieras,
hambrientas éstas de mis entrañas,
sedientas del agua de mis lágrimas.

Quedo aquí, amor mío,
ansiando el giro de tu mirada,
esperando tu improbable regreso,
olvidada, sepultada en vida,
contemplando en el espejo de un mar remansado,
mis cabellos encanecidos por el desánimo,
mis labios agrietados por la carencia de besos,
mi cuerpo deslavazado por el desconsuelo.

Quedo aquí, Teseo
—o como quiera que te llames ahora—,
añorándote, llorando tu ausencia
con lastimero suspiro de plañidera.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Ariadne” (1898), John William Waterhouse

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jueves, 19 de abril de 2012

MI LAMENTO DE ARIADNA

Ahora sé que yo era el lastre
que te  impedía navegar,
la rémora que contrarrestaba el empuje del viento
y deshinchaba tus velas,
por eso, sólo por eso, y por nada más,
aprovechaste mi sueño
y el arrobamiento que me producía
tener por dosel un artesonado de estrellas.

Al despertar… sólo el mar me acompañaba
- con su vaivén cadencioso de danzarina de harén -,
ya no pude divisar aparejos, ni proa, ni popa siquiera,
sólo la soledad sobre la arena…

Debí haber augurado tal final,
debí haber nacido Casandra y no Ariadna,
debí haber sido otra y no yo,
otra más cercana,
implantada en las células de tu piel,
compartida con tus íntimos secretos,
callada y oscura como ellos;
debí haber sido luna y no sol,
tinieblas y no luz,
silencio grave y no risas,
mas no lo fui y he aquí mi expiación.

¿Será éste el lamento de Ariadna o será el canto del cisne?
Por si acaso, sólo por si acaso, y por nada más,
bruñiré el oro de mi cáliz,
no sea que se presente Dioniso,
ornado de parras y hiedras,
portando un enócoe con buen vino.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Baco y Ariadna" (1578), Jacopo Comin (Robusti) Tintoretto. Palacio Ducal, Venecia

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sábado, 14 de abril de 2012

MUJER DE ÉBANO


Mírate, eres espiga de sorgo 
crecida bajo el fuego vertical de la canícula, 
toda tú construida de materia solar,
esculpidos en bronce tu musculatura,
tus tendones y cartílagos.

Eres astro que calienta 
el orbe tropical sobre las copas de los baobabs, 
pecho que amamanta la hierba de la sabana, 
donde galopa en libertad la cebra 
de piel marcada con barrotes.
Mírate y, como ella, 
desbócate en carrera, abre tu jaula
y despliega unas alas huérfanas 
de amos y señores,
pues eres una diosa nubia,
una princesa kushita de Meroe,
una faraona del antiguo Egipto. 

Eres la reina de Saba 
y la de África también 
—coronada tu alta frente de selvas 
y de manglares, de estruendosas cataratas,
rodeada tu ancha cadera de dunas 
y de oasis, de sombreados palmerales—,
tus manos son cetros que rigen 
la tierra roja donde medra la mandioca.

Mírate, Oshun, con tus vibrantes cascabeles,
amorosa dueña de las pepitas de oro 
que duermen un sueño dócil en los meandros,
fértil orishá, venus morena,
toda tú África, 
toda tú mujer y diosa y madre 
y rica y pobre.

Mírate, mujer de ébano,
el orgullo de tu estirpe te asiste.

(Mayte Dalianegra)

Dibujo de Sara Golish

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viernes, 13 de abril de 2012

GREGUERÍA MOLECULAR

Los átomos son sistemas solares en miniatura; y las moléculas, galaxias.

Mayte Dalianegra

Pintura de Tomasz Kostecki
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domingo, 8 de abril de 2012

ESCLAVA

No te liberará el esclavo tracio
que rebelara a los tuyos
contra la opresión de Roma,
pues te hallas como una res uncida al yugo,
atada a la cadena,
al eslabón soldado por el sentimiento,
y por el consentimiento de pertenencia
subyugada.

Asentiste, con la cabeza gacha,
a ser la morada de sus caprichos,
de su deseo carnal, de su concupiscencia,
de su desmedida intolerancia,
de sus malos humores, de su rabia, de su ira,
y sometida, avasallada, vejada, sojuzgada, tiranizada,
presa de su locura de encolerizado amo y señor,
todavía le retribuyes con dádivas.

Te muerde los labios cuando le besas
y agradecida sonríes, infame Gioconda,
que ni el veneno de la sonrisa preservas.
¿Acaso le crees un dios?
Te muerde y sonríes,
y si te golpea, iluminas tu mirada
con el vidrio espejuelado de unas gafas oscuras.

No, no te liberará Espartaco,
¡descuida!
A estas alturas tiene cosas mejores que hacer
allá por la Vía Apia.
Tú y sólo tú habrás de aprender a cuidarte,
a no confiar en charlatanería de feriante
ni en corazones falaces,
a distinguir el agua diáfana del lodazal,
a impedir que los grilletes
te inmovilicen de pies y manos,
a ser tú misma, a despegar de la mansión del ogro
y remontar el vuelo sobre las nubes
y desde allí, en el lindero de la estratosfera,
percutir el canto de la diestra
sobre el pliegue codal opuesto
y exclamar: ¡ahí te quedas!

Mayte Dalianegra

Pintura: “La esclava” (1925 – 29),  Julio Romero de Torres

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viernes, 6 de abril de 2012

¡AY, SEVILLA! (saeta de amor)

Sevilla, embalsamada de azahares,
en la mañana de un Viernes Santo.

Entro en esas iglesias
que nunca abren sus puertas
en jornadas de labor,
y en los patios florecidos
de los Reales Alcázares,
sueño con los amores leales
del rey Don Pedro y María.
Jalea de abeja, miel dulzona,
azúcar puro fue la menuda cortesana,
la hermosa barragana que el rey amase.
Y canto penas de amores
de la cigarrera Carmen con su amante
militar. Guarecida en un mantón,
su cintura florecía de amapolas escarlata
entre empuñadura y filo.

Sevilla los vio reír, Sevilla los vio llorar.

Ay, Sevilla,
veo tu torre guardiana,
torre de cal y de paja
reflejando oro solar en el río que fue espejo
de otro oro,
el de Tartessos.

Ay, Sevilla,
en este día
de arroz con leche y torrijas,
de moscateles y finos en tabernas de Triana,
de nazarenos cubiertos por capirotes morados,
de cofrades costaleros
extenuados por el peso de los pasos,
ay, Sevilla,
en este día,
ojalá hallara a mi amado,
que no encuentro la almazara
donde él depositase ese amor
aceitunado que me jurara en secreto,
que no encuentro el manantial
donde fluya,
claro y fresco,
el rumor de su palabra.

Sevilla me vio reír, Sevilla me vio llorar.

Arriba,
en el alminar, doy vueltas al giraldillo
 y me imbrico entre las tejas, los bronces
y los ladrillos, y me vuelco entre los vientos
y me diluyo en las lluvias que hostigan
mi emplazamiento.

Ay, amor de mis lamentos —amor enaltecido—
no me des tanto tormento,
que agonizo entre quebrantos
al sentirte vivo, todavía,
en mi recuerdo.

Sevilla me vio reír, Sevilla me vio llorar.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Desnudo con mantón", Soledad Fernández

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