miércoles, 31 de octubre de 2012

SI FUERAS

Si fueras mi marido,
si mi marido fueras,
si dentro de mi centro
tu nido construyeras
de gozo tan mullido
que el alado silbido
de un viento que no fuera
corriente lisonjera,
arrancase el sonido
ligero del gemido
nacido del encuentro
de vísceras adentro;
sería tu consorte
de lunas en cohorte,
de estrellas y luceros,
de mapas de aguaceros
caídos en el verde
boscaje de una taiga;
serpiente que nos muerde
el deseo encendido
que nuestro amor nos traiga.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Cupido y Psique” (1798), François Gerard. Museo del Louvre, París

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AHORA SOMOS

Acariciaste mi piel en la distancia,
como acaricia la luz la sombra
cuando traspasa el dintel del alba,
y acariciaste mi voz en la agonía de la noche,
esa noche en la que no reposa astro ni luna,
en la que no hay candil ni bombilla,
en la que sólo estamos tú y yo,
tendidos  sobre un papel en blanco,
sobre un lienzo de huidizo colorido,
imaginando los ojos, las bocas, las manos,
besando las ausencias, ansiando el roce de las pieles,
el tormento de los sentidos, el fragor de la batalla,
percibiendo el salitre y el azúcar
que, encendidos, humectan las ingles,
mascando las horas que, sin sentido, nos separan del abrazo,
del beso, de la cópula.

Y ahora somos la sangre de la tierra
que nutre, en su postrero estertor, el  fulgor lunar,
ahora somos la blanca y seminal espuma de las mareas
que azotan, enfervorecidas, los abismos del planeta.
Ahora somos tú y yo.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Eva", Frank Cadogan Cowper

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lunes, 29 de octubre de 2012

OS LO DEBO TODO

Os lo debo a todos:
al pez grande,
que desde la sinuosa orilla de sus labios,
rehúsa engullir al pez chico,
al alevín que hace del impulso motriz
de su juventud,
una hélice de centrípeta aceleración,
y al diminuto pez
—al que nunca soles ni lunas permitieron crecer—,
apenas perceptible
entre el ir y venir de las mareas,
aquél que se mimetiza entre
los abisales fondos,
el de la agudeza de visión
a través de las aguas revueltas
por suspensión de arenas -,
por su resuelta batalla contra
los ancestrales cíclopes,
contra las fuerzas que inhiben los naturales derechos,
contra todas las injusticias del mundo.

Os lo debo todo,
os lo debo a todos,
compañeros y compañeras
que me habéis precedido
en este vagar de asedios.
Por deber… os debo hasta la vida que aliento.

Mayte Dalianegra

Pintura de Timothy Chapman
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viernes, 19 de octubre de 2012

TRES

Tres,
tres astros,
tres fulgores alumbrando
la cósmica noche:
el Sol, semental de piel de oro
derramando la vida
con sus brazos radiales;
la Luna, nevando las tinieblas
de plata pulida y fina;
y Venus, exultante seno
—voluptuoso y lácteo—,
latiendo en prístino magma de rubíes.

Así somos nosotros, amor mío,
tú, de áurea pepita
en lecho de torrentera,
ella, de calma vestida
—blanca y mansa paloma,
hontanar cristalino y puro—;
y yo, de fuego mis pies ceñidos,
de ígneo volcán la boca
que estos versos desgrana.

Tres,
así somos nosotros, amor mío,
tres como tres ángulos
de una misma figura
—dúctil trigonometría—,
que se abren y se cierran,
y se tocan y se abrevan,
y se beben de los labios,
y se amarran las cinturas.

Tres sueños y tres tormentas
en mares que olas destilan,
tres dueños de sus destinos
roturando surcos de saliva y tinta.

Mayte Dalianegra

Pintura de Gigino Falconi


miércoles, 10 de octubre de 2012

TODO

Todo lo que me ha desviado
del camino recto,
todos mis errores y desaciertos,
me han conducido
—paso tras paso—,
a tu encuentro.

Todos los sueños irrealizables,
todas las tormentas vespertinas
de lacrimosa zozobra,
me han hecho naufragar
—tras tus huellas—,
en tu orilla.

Todas las noches negras,
todos los tristes quebrantos,
los crespones umbríos
del desengaño,
me han traído a tu vera
y a tu ventana,
donde las flores perfuman
la alborada.

Mayte Dalianegra

Pintura de Heide Presse


miércoles, 3 de octubre de 2012

EL EMPERADOR QIN SHI HUANG

Oh, figura, sedente
sobre broncíneas ruedas
surcas la medianoche de las eras.

Oh, Señor, que creaste un imperio del caos
y al caos del barro regresaste,
un ejército de inertes soldados te guarda,
ellos batallan porque el mundo te recuerde
aun cuando sus manos permanezcan inermes,
custodiando la oquedad de sus pertrechos.

Oh, Señor que fuiste
de entre los tuyos el primero,
magnánimo e impío,
espléndido y despótico,
tus otrora inexpugnables murallas
no han resistido el asedio de tu gloria,
ya el gusano ha roto el capullo
y con irisadas alas vuela,
inútiles yacen sus sedosos despojos,
ahora encandila al mundo
con la cautivadora mirada de sus ocelos.

Mayte Dalianegra

Fotografía: estatua de ballestero, Museo de los guerreros de terracota del emperador Qin Shi Huang, Xi’an, China
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