viernes, 30 de noviembre de 2012

LA CASA


La casa está vacía sin ti,
y un viento cargado de arena
silabea tu nombre
instigándolo a pasar por las rendijas.

La casa ahora padece la frialdad de los finados
y emerge en mitad de un lago salino,
como una aparición difusa
cuajada en el humo.

La casa te echa de menos,
la noche se espesa cegando los astros,
y la niebla esculpe mi perfil de Eva
con su lengua húmeda.

La casa te aguarda
—con paciencia de leona—
sumida en el silencio de la nieve;
es el inventario de un museo de inviernos
en espera del crujido de la cancela,

¡y cómo añora las pálidas corolas
y los próvidos frutos del manzano…!

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Boris Dragojevic

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martes, 20 de noviembre de 2012

DESNUDO BAJANDO UNA ESCALERA

Un cuerpo desnudo,
bajando una escalera,
disloca el espacio
en rosarios de espirales.
Músculos, tendones y osamenta
de maniquí desarticulado
peldaño a peldaño.

Un desnudo desciende
al sórdido infierno
del lupanar barato
de pasamanos rematados
con pomos de oropel
y tenue luz de gas.

Una autómata del sexo
muestra la impudicia
de sus huellas
en un descenso
que deja tras de sí
la sucesión de sus sombras.

Es un evanescente
embrión de robot
revelando,
en su mayestático perfil,
un ensamblaje
de vástagos y resortes.

Ninguna es
de las dóciles y delicadas
bailarinas que Degas pintara
remontando escalones,
ninguna tampoco de las gráciles
muchachas retratadas
en la áurea escalinata
de Eduard Burne-Jones.

La inmovilidad del movimiento
de ese cuerpo desnudo
 - apenas más carnal
que el cartón o la madera -,
es el repunte de una hélice
estroboscópica,
una captura de materia y energía
descendiendo una escalera
y legándonos la efigie de su misterio.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Desnudo bajando una escalera” (1912), Marcel Duchamp. Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos
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jueves, 15 de noviembre de 2012

TODO O NADA

Aut Caesar aut nihil
(Cesare Borgia)

Si mi amor es un raudal
de burbujeante lava,
no me sirve tu cariño
comedido y espartano.

Si mi amor traspasa poros
de paredes y ventanas,
si atraviesa las ciudades,
los valles y las montañas,
no me basta la mitad
que tu corazón me ofrece,
porque yo lo quiero todo,
tiene que ser todo o nada.

Una ambición desmedida
se me abriga en las entrañas,
una ambición de tus besos,
de tu calor, de tu espalda.

Si mi amor es una nube
que pasa y descarga agua,
necesito un fuego intenso,
un ardor que inunde el alba
de pertrechada sonrisa
y de luz entreverada.

Si el dolor rompe los cabos
que me ataban a tu cama,
no me ayudan tus palabras,
porque yo lo quiero todo,
tiene que ser todo o nada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Claire Bridges


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sábado, 10 de noviembre de 2012

CUANDO ME HAGAS EL AMOR

Cuando me hagas el amor,
vengarás todas mis derrotas,
todas las traiciones
y todas las mentiras
que otros cargaron
sobre mi lomo de yegua
fatigada por el peso de los días.

Cincelarás tu nombre
con el buril de la esperanza,
y borrarás otros nombres
con la salobre marejada de tus besos.

Cuando me hagas el amor,
cabalgarás sobre dócil montura,
sedoso el tacto será para tu mano experta,
húmeda la oquedad donde abismarás
el eco de tu arrullo.

Arderás en una pira
de yesca agostada por un sofocante céfiro,
y batallarás contra la tormenta
tropical de mi saliva
esculpiendo el acantilado de tu sexo.

Cuando me hagas el amor,
seré una exótica orquídea,
una delicada amapola de satinados pétalos,
una vigorosa dalia roja,
o quizás una rosa de aroma tan punzante
como las cúspides de mis pechos.

Cuando me hagas el amor,
y con ese cascabel de plateado acero
que es tu voz,
me digas un “te quiero”,
ya no habrá distancia en este mundo
que medie entre los dos.

Cuando me hagas el amor,
vida mía,
cuando me hagas el amor…

Mayte Dalianegra

Pintura: “Paolo y Francesca de Rimini”, Dante Gabriel Rossetti
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jueves, 8 de noviembre de 2012

LES GUSTA CUANDO CALLO

Les gusta cuando callo,
cuando estoy como ausente,
cuando mi voz no vierte
el tintineo breve
del vocablo afiliado
a la verdad celeste.

Les gusta cuando niego
la saliva a mi boca,
cuando frágil y oronda,
la opalescente concha,
suena a un mar que no veo,
y su rugido ronca.

Les gusta cuando callo,
cuando las caracolas
van delineando ondas
de muda y negra sombra,
y mis labios ya no abro.
Les gusta cuando callo.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Caracolas marinas”, Andrian Bekiarov
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