martes, 29 de enero de 2013

NEGRO ES TU ROSTRO


Negro es tu rostro,
mineral y oculto,
 luna oronda,
suspendida de un invisible
trapecio en el espacio sidéreo.

Negra, seguro,
es tu intención
de enamorar a los incautos
que admiran tu fulgor
hermano de la deidad solar.

Ya no me engañas, luna,
por más misterios con que te envuelvas
y te anuncies, por más velos de tul
—diáfanos en apariencia—,
con los que enmascares tu faz de ninfa.

Enamorarme no puedes,
que los amores que me inspiraste,
tristes falacias fueron,
y de ellos nacieron mentiras tristes.

Ya no me engañas, luna,
de tu maldad me río ahora,
pérfida diosa, Selene impura,
¿cuántos corazones se han visto rotos
por reflejarse en el río
que bañaba tu imagen sórdida?
¿Cuántas citas de amantes
rasgó el frío puñal de la alborada,
cuando impertérrita te alejabas
encaramada en tu brillante carro de plata?

Ya no me engañas, luna,
las pasionarias abren sus pétalos
cuando la noche muere en mi cama,
y ahora decido con quién comparto
el tibio aliento de la mañana.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Ninfa de la luna", Luis Ricardo Falero (1851 - 1896)
Safe Creative #1202281214599

domingo, 27 de enero de 2013

EL ADIÓS


Nos dijimos adiós
ya tantas veces,
y tantas veces
regresaron mis labios a tu encuentro,
y tantas retornaste tú en pos de mi aliento…
Y ahora este adiós,
hastiado de motines,
se suspende en el silencio.

Mayte Dalianegra

Pintura: “The signal” (“La señal”), John William Godward
Safe Creative #1202281214599

jueves, 24 de enero de 2013

BABEL

A un hombre que hablaba tanto, que no decía nada.

Elevas la torre de tu vanidad
hasta que tus yemas rozan
los nimbos que en lo alto moran,
y subes y subes, y subes
sobre el eco de tu voz,
retornándote la música
que tu garganta tañó
como afinada campana,
como templado tambor.

Y hablas y hablas, y hablas
atento al timbre metálico
que tu laringe exhaló,
y entre tanto declamar
para escucharte a ti mismo,
ni te entiendes tú,
ni te entiendo yo.

Mayte Dalianegra

Pintura: “La Torre de Babel”,  Pieter Brueghel, Kunsthistorisches Museum, Viena
Safe Creative #1202281214599

sábado, 19 de enero de 2013

AHÍ ESTÁS (FRIDA KAHLO)

Ahí estás, envuelta en sedas de Oriente.
Tus pechos
son melosas frutas
(de esa ignota selva,
jugosa y cálida,
que es la primera juventud)
sojuzgando el escote de un kimono.

Ahí estás, lozana mestiza
de razas tan distintas como distantes,
de razas invictas de extinciones
que rebrotan en tu carne morena y firme.

Ahí estás, con la aguerrida canana
abrazándote la cadera como la serpiente bíblica
abrazara a Eva.

Al cuello llevas el jade primigenio
nacido de pluma de quetzal,
¡cuán robustas esas cuentas
pendiendo de hilo tan frágil!
tu sangre zapoteca borbotea,
y ni siquiera las pétreas ajorcas
pueden contenerte el pulso,
mas no temblarán tus muñecas
al oprimir el percutor, te sabes hija
de una era revolucionaria,
y no importan tu cojera
ni ese corsé cuyas cinchas
tatúan tu piel de sufrimiento.

Ahí estás, reverberando libertad,
agasajada por el viento manumiso
de una época de cambios y conjuras.
Libre aun cuando traicionada.

Ahí estás, Frida Kahlo,
empuñando un revólver
que el presente ha puesto en tus manos
(de una forma tan ficticia como ilícita)
para salvarte de la perfidia de las bocas.

Ahí estás, cejijunta y ambigua,
escrutándonos
desde la brevedad de un instante apresado
por el obturador de una cámara.

Ahí estás, profetizando (sapiente sibila)
el alcance de las miradas otrora
futuras, ésas que disminuyen, cada vez más,
la holgada travesía del tiempo y sus centurias.

Mayte Dalianegra

Ilustración: fotografía antigua de Frida Kahlo con retoque digital

Safe Creative #1202281214599

¿Y TÚ TE CREÍAS UN HOMBRE DE BIEN?

Con los dientes apretados
recuerdo
el desamor y el silencio,
las noches en que te esperaba
ante el pesado telón de un proscenio,
y ni te dignabas al saludo escénico.

¿Y tú te creías un hombre de bien?
Oh, sin duda que algo olía
a podrido en Dinamarca…

Oh pálida Ofelia,
pobre loca,
bendecía en vida los translúcidos lirios
y los blancos nenúfares
que formarían parte de su ajuar fúnebre.
Ignoraba entonces, sin duda,
los luctuosos sucesos
que habrían de acontecer.

Oh, no me claves más espinas
en la frente,
ni me cubras el torso
con púrpura de Ecce Homo.
¿Y tú te creías un hombre de bien?

No me hagas reír,
la risa me impide apretar los dientes,
y ello es “conditio sine qua non”
para recordarte.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Ophelia” (1852), John Everett Millais
Safe Creative #1202281214599

lunes, 14 de enero de 2013

Y SE HIZO EL SILENCIO

Éste es el final,
cantaba Jim Morrison
desde los surcos gastados
de un viejo vinilo.

Éste es el final.

Me echarás a faltar
más de lo que esperas.

Ahora,
entre nuestras ventanas
minadas por la escarcha de un invierno
intensamente frío,
se extiende la vastedad
de un desierto de silencio.

Éste es el final.

Mayte Dalianegra

Pintura:"El árabe y su corcel", Jean León Gérôme (1824 - 1904)


viernes, 11 de enero de 2013

ESPEJO ROTO

Una sombra gélida, una esquirla acerada
se retuerce entre las fibras
de la atmósfera.

Se ha roto el espejo
donde tu reflejo se me idealizaba. Se han ido
los sueños —como tantos otros—,
se han ido con ellos la ilusión
y el vértigo
que de agua y fuego colmaban mi esencia.

Queda ya el vacío, quedo, silente,
y el juego insincero.

Mayte Dalianegra

Pintura: "No ser reproducido" (1937), René Magritte
Safe Creative #1202281214599

jueves, 10 de enero de 2013

VOY A EMPEZAR A CUIDARME

Voy a empezar a cuidarme,
a yacer en lecho blando
no bien la negrura
de la sombras me ciegue,
a cerrar mis cancelas,
empeñada en eludir la visita
de alimañas hambrientas
de mi voz y de mis goces.

Voy a discernir entre la soga
y la liana de hiedra
enamorada de savia ajena,
y amarrarme con fuerza
al árbol recio, al mástil robusto,
palo mayor de navío guerrero.
Atada a su enhiesta madera,
resistiré el agudo canto de sirena
que me empuja a zozobrar
con insistencia
y a encallar en la arista afilada.

Resistiré también
el albor traicionero de la luna
y el fiero aullido del lobo
reclamando el vigor de mi sangre,
pues voy a empezar a cuidarme,
a sentirme independiente, segura,
yo misma, mía.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Mirándose al espejo", Albert Henry Collings (1868-1947)

Safe Creative #1202281214599

miércoles, 2 de enero de 2013

LAMENTO

Lamento
(lo lamento mucho)
haberte conocido,
a ti,
que haces de tu pluma
una daga,
que perviertes realidades,
que mancillas
el esplendor
de las azucenas
en aras del prejuicio.

Lamento que las agujas
del reloj
no hubiesen paralizado
su cíclico recorrido,
antes de que tus letras
viajasen en el carruaje
del improperio,
antes de que
 —altivo—
mostrases la arrogancia
de quien eleva
su vuelo
sobre el corazón,
y se erige juez y verdugo.

Se quemarán tus alas
de humilde Ícaro,
por más que la soberbia
en tu ayuda acuda.

Se quemará también
tu existencia
en la anodina penumbra
de la monotonía,
como el papel
que al calor de la llama,
imprudente duerme.

Se hará justicia entonces
a los agravios
que sobre mí vertiste,
y en su retorno,
la diáfana luz diurna,
guiará, amable,
mis pasos por esta vida.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Duelo por Ícaro" (1898), Herbert Draper
Safe Creative #1202281214599

EN ABRIL

A alguien que creía que los amigos de siempre
son sustituibles por los recientes

 
En abril
la lluvia anegará prados y caminos
con un cieno tan dúctil como terco;
caminarás saltando los charcos,
remembrando andanzas infantiles,
con los pies empapados en esas aguas
que al final de la senda besarán tu frente.

El camino será arduo,
 mas no silente, una brisa tibia
te hablará
del concubinato entre el infierno y el cielo,
de los brotes que surgen
cuando Proserpina retorna al amparo
materno, y la tierra abandona su condición
de erial baldío
para consagrar su virginidad a la primavera.

En abril
contemplarán sus rostros sobre el espejo lacustre
las corolas solares de los narcisos,
saciando, con fauces vegetales,
la sed hacinada
durante el cautiverio del invierno.

Caminarás entonces atento al trino
de minúsculas aves
y al rápido discurrir de las horas
bajo las huellas que imprimen tus pies
sobre el fango fresco.

Verás las nubes quebrando la monotonía celeste
con su presencia algodonosa y húmeda,
verás también los semblantes de otros caminantes;
algunos, quizá, te confíen sus secretos,
a algunos, quizá, supuestamente tomarás por amigos,
y entonces asirás sus manos con viveza,
y entonces serás su consejero, su camarada afecto.

Mas cuando los hados bifurquen veredas,
ya no verás sus ojos,
ni escucharás el verbo que fluya de sus labios,
y apretarás el paso hasta llegar a puerto.

Alcanzada la meta,
tus puños sólo retendrán jirones de recuerdos.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Proserpine” (1882), Dante Gabriel Rossetti
Safe Creative #1202281214599