domingo, 27 de marzo de 2016

JANE GREY


Suya es la mano
que empuña el hacha,
que amuela su filo
con un esmeril hambriento,
para balancearla después
y sopesar su gravedad
y su parábola,
el arco triunfal bajo el que desfilarán
potros empenachados con lutos.

Suya es la mano embozada
en el sigilo lacio de los sicarios,
consagrada a estimar los ejes precisos,
la oportuna alineación
entre el acero y tu cuello,

y va a talar en él un brote tierno,
una yema temprana,

pero no es el verdugo.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La ejecución de Lady Jane Grey" (1834), Paul Delaroche. National Gallery, Londres

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jueves, 24 de marzo de 2016

TORMENTA


Algunos días
el cielo sufre un viraje repentino,
y el brocado que forman las nubes
sobre el satén cerúleo
se enturbia de grises.
La voz blanda de la brisa
no hace presagiar el aguacero,
hasta que se desboca como un garañón
y muda en vendaval.

Cuando eso suceda, mi amor,
y la tormenta nos alcance
con su guirnalda de látigos,
emprendamos carrera en pos de cobijo,
busquemos la guarida
que haya resistido los embates del barro,
la que conserve en su lecho
rescoldos y humo.

Y si el cielo horada
nuestro asilo con flechas de vidrio,
y un mar embravecido nos espera,
que un golpe de timón nos salve del naufragio,
y que tus ojos enarbolen alas de paloma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La despedida" (1892), Alfred Guillou

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sábado, 19 de marzo de 2016

SOMOS TÚ Y YO


Ungiste mis párpados
con la untura oleosa que el sol emplea
para acariciar la sombra
cuando, como un pájaro de oro, 
eleva su vuelo 
sobre el dosel de la madrugada.
Obraste así tras el declive
de una noche desguarnecida
de estrellas y de luna,
de faroles y de bombillas,
aliviando mi ceguera
con tu luz de crisantemo.

Y ahí, 
en tus palmas imbricadas de clemencia,
sangró el estigma que redimió mi condena,
que cercenó los eslabones
y suturó las heridas
para que ninguna corriente 
me remolcase a través de ellas,
para que ninguna alimaña las vulnerase 
y le sirviese nuevamente de alimento.

Y ahora 
que la vida me transita en espirales,
que me impulsa a girar como un derviche,
retoña en mí la madera del manglar
con su piel salada y húmeda.

Y ahora 
que tú y yo 
nos recorremos 
por caminos dibujados 
con saliva, 
que tú y yo 
encendemos teas 
con jirones desgarrados en los labios, 
que rodamos por laderas de volcanes 
con los besos labrados en la carne,
que azotamos furiosos los abismos 
con espuma de mareas fragorosas,
ahora que tú y yo
nos reencontramos,
somos tú y yo, 
solos tú y yo en el horizonte.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Le Baiser" (1868), Carolus-Duran. Palais des beaux-arts de Lille, France

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