domingo, 16 de abril de 2017

LA COPA DORADA


El cielo
de un azul tan profundo como el mar,
la copa dorada del día,
la moneda cantarina de la risa, son 
lo que a la postre 
nos queda;

la migaja cotidiana
que nos obliga 
a mendigar una jornada más.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: “The golden bowl” (La copa dorada), 1956, Frank Cadogan Cowper 


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viernes, 10 de febrero de 2017

EL RÍO DE LA VIDA


Entre guijarros 
canta el río de la vida,
gorjea alegre 
y sus aguas despliegan alas de pájaro,
plumas líquidas 
entre el verdor agudo de la primavera.

Bisbisea en la canícula
con voz serena,
corean su salmodia
batracios y cigarras.

En el otoño
entona un aria, 
arrastrando en su boca la hojarasca seca.

Y en el invierno
el caudal desborda
su fría vena.
Ya no recuerda
las mañanas tibias, 
las tardes cálidas.
Ruge tembloroso
antes de encontrar la sal.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Violette de Toulouse", Constantin Font (1890 - 1954)

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jueves, 19 de enero de 2017

PAULINE BORGHESE BUONAPARTE


Hay jaspes y mármoles 
ornando paredes, 
y frisos y grecas, 
pilastras, columnas, 
vetas verdes, ocres, 
azules, rojizas, 
y tú recostada, 
Venus victoriosa. 

Hay cuerpos desnudos 
en torno a tu lecho; 
son de helada piedra, 
son dioses sin alma. 

Tu piel y tu carne 
son nieve que enciende 
la hoguera de Eros. 
Con esa manzana 
sujeta tu mano 
el premio a tu fuego. 

(Mayte Llera, “Dalianegra”)

Fotografías de la estatua-retrato de Paulina Borghese Bonaparte como Venus Victrix, de Antonio Canova. Galería Borghese, Roma




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jueves, 15 de diciembre de 2016

URGENCIA


Me palpita la urgencia
por esos besos de bienvenida que serán afluentes
de otros tan largos como el Nilo,
y por las caricias que establecerán
mi cuerpo como el eje de sus simetrías;
pero no creas que ignoro que tus labios y tus manos
son las consignas de mi última
revolución, las postreras balas
que me quedan en el tambor.

Y así, acecho el crujido
que me anuncia tu presencia
para precipitarme y ser caudal de agua
discurriendo hacia la cascada de tu abrazo.

Y así, bajo el dintel del tiempo compartido,
con los recuerdos
de nuestra adolescencia desbocados,
me niego a renunciar a este sueño
aunque parezca un canto de sirenas;

porque aquí y ahora te reitero
que la palabra rendición
todavía no forma parte de mi vocabulario.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Der Kuss" ("El beso", detalle) 1908, Gustav Klimt. Österreichische Galerie Belvedere, Viena

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viernes, 25 de noviembre de 2016

ANITA GARIBALDI


La arena conoció
tu cuerpo grávido,
tu cuerpo de mujer y guerrillera,
de compañera ardiente,
de amorosa madre,
de fiera defensora
de las causas.
No supo del calor
que te encendía,
calor de estrella
que derramaba su caudal de luz.
No supo del barro que besaba
tus pies descalzos,
tus pies pequeños
que sembraban huellas grandes.

La arena
supo del frío
que sucede a la fiebre,
supo del peso de tu vientre
y de su vida también perdida.
Supo tanto como tanto ignoró.
Cómo podría imaginar
el trote ágil de tu caballo
cuando, a horcajadas,
guiabas un ejército.
Cómo podría imaginarte
—indómita amazona—
empuñando un arma
con la misma mano
que acariciaba.

La arena sólo supo
lo que debía saber.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Fotografía del monumento ecuestre a Anita Garibaldi. Mario Rutelli (1935). Colina del Gianicolo, Roma 

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jueves, 13 de octubre de 2016

PRINCIPIO Y FIN


El comienzo
acostumbra a ser un pavo real
desplegando el abanico de su cola,
acostumbra a ser un arcoíris
extendiendo su tránsito cromático
como una luz
presuntamente inextinguible.
Es una boca 
donde caben todas las sonrisas,
donde caben todas las palabras.
Eso es el comienzo,
un embrión de promesas,
el germen de la esperanza,
una espiral que crece con cada giro.

El final ya es otra cosa,
es un ojo que se ciega,
una garganta que enmudece,
algo que se ha hecho tan pequeño
que puede cerrarse con las yemas
de dos dedos. 
Es la negación
de cuanto se afirmó primero,
el sentido de inutilidad
de cuanto se creía necesario,
la verdad que revela todas las mentiras.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Alegoría de la brújula y el mundo" (Sapiente con compasso e globo),
Dosso Dossi (1520-1530). Pinacoteca Nazionale di Ferrara, Italia

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domingo, 18 de septiembre de 2016

AMPARO


El peso de tu abrazo
me vuelve invertebrada
bajo la vela que arría el crepúsculo,
cuando los sueños
se arremolinan
y vierten su hélice rugiente
entre mis párpados.

Te aprietas contra mi espalda,
y tu pecho es el postigo
que cierra mi pasado,
el aparcero que abona mi tierra
con los despojos de Orfeo
y recolecta la miel que el ruiseñor
lleva en el pico.

Ya en la mañana hueles a aire blanco,
y en tu mirada
la clorofila halla su síntesis.

Tú me salvas
de la luz que es señuelo de celada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Alberto Pancorbo

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sábado, 20 de agosto de 2016

ASÍ TE VEO



Te veo diminuto,
menudo como un pájaro
que cupiera en la cuenca de mi mano;
arrugado y aterido
por el frío de la ignorancia.

Así te veo,
como un pájaro insignificante
con las alas chamuscadas
por fuegos de artificio.

(Mayte Llera "Dalianegra")

Ilustración de Vincent Bakkum

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lunes, 8 de agosto de 2016

ANTÍNOO


Eras carne de sol.
De sol, tu piel y tus músculos.
Tus bucles, copas de avellano
—vencidas por la brisa—
descendiendo gráciles
la ladera de tu nuca.

¿Cómo no amarte
desde el primer latido?
¿Cómo evitar
ese eclipse con su aro de fuego?

Devolvías
juventud con cada abrazo,
belleza con cada beso,
confianza con cada aprobación.

No eras nadie
y fuiste todo.
Todo para él en vida,
todo para la eternidad después.

El Nilo templó el plasma solar
de tu carne
como en una artera fragua,
y sobre su yunque líquido
te forjó de mármol
con resplandor de nieve virgen.

No eras nadie
y fuiste Osiris
y fuiste Dioniso
y fuiste un dios tracio
con tu nombre,
y brilló en la noche una constelación
con ese mismo nombre.

De ti quedó
una leyenda de amor
que aún se refleja
en el canopo de Villa Adriana.

De ti quedó
el misterio
ahogado en los meandros de un río
sagrado.

De ti quedó,
multiplicado, tu semblante impertérrito,
aguardando latente
en las salas de los museos.
Y ahora, también,
este humilde poema
entre muchos ditirambos.

(Mayte Llera, “Dalianegra”)


Foto: Antínoo como Osiris-Dioniso,  procedente de Villa Adriana (Tívoli). La escultura está ubicada actualmente en la Sala Redonda del Museo Pío Clementino. Museos Vaticanos, Ciudad del Vaticano

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Foto propia obtenida en las ruinas del canopo de Villa Adriana, en Tívoli, Roma

viernes, 22 de julio de 2016

EL RÍO (soneto asonante)


Nadamos en un río de aguas claras 
y en su fértil espuma y en sus ribas, 
bañaba el corazón sus alegrías, 
nadaban como peces nuestras almas. 

Navegaron las manos enlazadas, 
flotando iba la risa a la deriva, 
la voz de la confianza era la ondina 
que a los dos internaba en esas aguas. 

Pero a veces se cruzan las corrientes 
que manan de un subsuelo cenagoso, 
y el agua de cristal se vuelve negra. 

No pudimos nadar entre los lodos 
y, arrastrados, quedamos a la suerte 
de ver nuestra amistad yaciendo muerta.

(Mayte Llera "Dalianegra")

Pintura: "Ofelia" (1852), John Everett Millais. Tate Britain, Londres

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lunes, 4 de julio de 2016

NADA (CÉSAR BORGIA)


Príncipe,
tu espada 
—templada en la línea del horizonte
donde el cielo y el infierno
se acoplan lujuriosos—
es un rayo homicida 
que grita su vértigo,
el eje de una tempestad
que arrasa vergeles,
una fértil materia
que gesta el dolor.
Su metal sediento
te mantiene a horcajadas,
Gran Confaloniero, Duque Valentino.

Los idus de marzo
galopan veloces
hasta La Barranca Salada. Aventajan tres días. 
Tu máscara de cuero cae,
entonces, un destello en el acero muestra: 
“O César o nada”.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Retrato de César Borgia" (s. XVI), Altobello Melone. Academia Carrara, Bérgamo, Italia

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viernes, 17 de junio de 2016

PÁJAROS


Hay pájaros 
verdes
como la bruma 
de las montañas de Guatemala,
aves de plumas tan largas y sedosas
que sólo pueden alzar el vuelo
en esos paraísos de selvas brillantes 
como esmeraldas.

Hay pájaros 
que levantan sus voces
y alcanzan los cielos,
que cortan el aire
con los afilados cuchillos
de sus gargantas, y pájaros 
que sólo pían
y saltan graciosos entre las ramas.

Pájaros hay 
de todo tipo:
amarillos, pardos, azules,
con pecheras rojas 
o de crestas coronados.

Pájaros hay 
también de guerra,
que llevan la fiereza en el tajo de la pupila
y tambores bajo las alas.

Y los hay 
que sobrevuelan el nido ajeno
deslizando 
sus siniestros planeos entre las sombras,
deslizando 
el silencio entre sus picos.

Son aves de rapiña 
aguzando instintos, con el botín 
en el punto de mira.

Urracas y azores cenicientos
afanados en el hurto del reluciente 
metal de la palabra.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Pareja de quetzales en Tikal", Carlos Alberto González da Silva

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miércoles, 15 de junio de 2016

HAIKU (La primavera)


La primavera,
a finales de junio,
pasa el relevo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Igor Semenikhin

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jueves, 26 de mayo de 2016

AÑOS 30


Vamps estilizadas 
—terrones de azúcar 
caramelizados bajo los focos 
de los musicales de la RKO—
cimbrean dibujando 
caleidoscópicas geometrías,
ostentando el fasto de la seda, 
las lentejuelas y el lamé,
mientras el vértigo de un picado
captura la apoteosis del instante.

Galanes de nuca rasurada y mechones 
blindados con brillantina
—que combaten su insurgencia sobre la almohada 
con redecilla— profetizan un futuro 
halagüeño en las bolas de cristal de las burbujas.
El champán y el jazz son las ruedas 
del carro de la noche,
y, como trenes de vapor,
boquillas interminables expelen 
hilachas de humo azul
que asciende y se trenza.

A la sombra del oropel 
de esa luz de tulipa art déco,
un río de desempleados se arremansa 
ante la promesa 
de un plato caliente,
y los vagones de los mercancías transportan 
polizones a la deriva.

En París,
Henry Miller almuerza con frugalidad
merced a la compasión de sus amigos.
En España,
Caín levanta una quijada de asno 
y, tras una noche de noviembre,
Alemania
amanece con la fría escarcha de los cristales rotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La chica dorada" (1933), Rolf Armstrong

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domingo, 10 de abril de 2016

EL AMOR QUE SIENTO POR TI


El amor que siento por ti
nació del áleph
cuya ínfima cifra
progresó en caracolas de fuego.
Fue un cigoto invisible
germinando en una vaina de crisálida
y, luego, una madeja de alas batiéndose
con suavidad de terciopelo.

Ofuscado, se enquistó en mi pecho,
y ahí se enconó su llama, afiebrándome.
Se enredó también en mis brazos y en mis piernas,
y su viento ululaba con el vértigo de la alondra,
y se mecía en mis venas como un pez sedoso
de agallas abiertas.

Pero ahora tiembla en mis mejillas
el pozo sobre el que se balancea y chapotea
una luna descolgada, y me turban las nubes
con bordes de acero.

No quiero que ningún arcángel
me expulse de tu carne sagrada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El beso" (1859), Francesco Hayez, Pinacoteca di Brera, Milán

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