lunes, 29 de diciembre de 2014

CAVAN

Cavan
y cavan en la tierra fresca,
en la arcilla moldeable
—apta como campo de labor—,
también en la reseca
del erial nunca cultivado,
de la estepa inhóspita,
buscando en ella
el atisbo del germen.

Como cuervos, persiguen
—de forma infatigable— su sustento.

Cavan
y cavan, remueven, perforan,
son oportunistas
que nunca desperdician nada,
en aras de camuflar su patética
mediocridad, de subirse
a un pedestal que no merecen,
de coronarse con laureles de oropel
y colgarse medallas de cartón,
para que los ciegos no sepan
que quienes reinan
son tuertos.

Cavan
y socavan los cimientos de cuanto
se levanta sobre el suelo,
pues entre los escombros de otros,
esperan que sus pequeños montículos
de tierra
semejen torreones.

Cavan
y excavan galerías como lombrices
que tuviesen por única finalidad excretar estiércol;
mas su maldad no es aparente,
a priori simulan ser buenos vecinos,
hasta que —invariablemente— quebrantan
toda conducta de buena vecindad.

Cavan y cavan,
excavan, socavan, horadan, remueven
sus fosas
hasta que la noche sangra
luz negra.

Mayte Dalianegra

Pintura: "El enterrador errante" (1997), Juan Vallejo


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Música: "Stop", Black Rebel Motorcycle Club

miércoles, 24 de diciembre de 2014

EN UNA NOCHE COMO ÉSTA

Da igual quién
haya nacido
en una noche como ésta,
porque en noches como ésta
eclosionaron desde la humilde violeta
al orgulloso narciso.

No importa su naturaleza,
ni importa tampoco
si en verdad fue eso o aquello,
si en verdad existió,
o si fue mito engendrado
de leyenda;
si nació tal día,
o si fue cualquier otro,
si nació en tal o cual paraje,
o si su progenie fue esa o aquella.

Da igual quién fuese,
o cómo fuese,
lo que importa
—lo que de verdad importa—
es que en una noche como ésta
—aunque sólo sea un breve intervalo—
se olvidan rencores
y mezquindades cotidianas,
nos reunimos en torno al hogar,
y entonces recuperamos el fuego.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Alleluia” (1896), Thomas Cooper Gotch

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Música: "Aleluya" (El Mesías), George Frideric Händel

domingo, 7 de diciembre de 2014

HERMANA, HERMANO

Hermana, hermano,
mirándoos me veo.

Como vosotros,
soy de sal y de agua,
de espuma que, sembrada
en cúspide de ola,
germina sobre arena de la playa.

Como vosotros,
soy de viento y de fuego,
de brisa cálida
soplando, desplazando los estratos
nubosos, despejando
el cielo de poniente
para iluminar ojos
con ocasos de oro y vino tinto.

También como vosotros,
soy de luz y de luna,
de vidrios de ventana
—abiertos en la noche—
salvando soledades de su mísero
caparazón.

Hermana, hermano,
mirándoos me veo.

Del mismo modo
—como vosotros—,
soy de miel y de sangre,
vuestra risa es mi risa,
también son vuestras lágrimas,
lágrimas mías,
y vuestra piel espejo
que refleja mi piel.

Hermana, hermano,
mirándoos me veo,
vuestro color y el mío,
vuestra raza, la mía,
de una misma bandera son esquinas.

Mayte Dalianegra

Pintura de Laurie Cooper

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Música: "Himno de la alegría", 9ª sinfonía de Ludwing van Beethoven. Orquesta Sinfónica Hispalense y coros de la Universidad de Sevilla y de la Universidad de Leipzig

sábado, 29 de noviembre de 2014

DESAPARECIDOS


A las madres y abuelas de la Plaza de Mayo

Te arrancaron del vientre
de tu amorosa madre.
La negaron y a ti te regalaron.

Creciste en la ignorancia,
tomando como padres
a aquellos camaradas
de sus verdugos.

Pero hoy, al abrazarte,
un sol de invierno
pudo resucitar
de sus cenizas,
y tu abuela —por fin—
pudo ofrendarle al viento
ese pañuelo blanco
que tras tan largo tiempo resguardó
su desconsuelo.

Mayte Dalianegra


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Pinturas: retratos de  Estela de Carlotto y de Hebe de Bonafini, de Alicia Besada

Música: "Yo vengo a ofrecer mi corazón", de Fito Páez, interpretada por Mercedes Sosa


sábado, 15 de noviembre de 2014

JUVENTUD

Sus ojos
relucían como topacios
engastados en el calor
del mediodía;
eran los ojos
de la juventud.

Entonces
no sabían,
no sabían nada
acerca
de lo que tendrían que ver
a lo largo
de sus vidas.

Entonces
sólo veían la dulzura.

Mayte Dalianegra

Pintura: “El trabajo del amor perdido” (1885), Edwin Longsden Long
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Música: "Smell like teen spirit", Nirvana

domingo, 2 de noviembre de 2014

PODRÍA DEJAR

Podría dejar
que te fueses tras de otras faldas,
a pesar de que —salvo las de Marilyn—
nunca miraste
más piernas que las mías.

Podría dejar
que te embarcases en un velero
y recorrieras el mundo sin mí
o que ascendieses a las cumbres albinas
de los ochomiles,
sin atarme a tu cordada.

Podría dejar
que te fueses
—si eso te procurase alguna felicidad—,
pero allí a donde el destino
quiera arrastrarte con su cadena,
allí, amor mío,
no puedo dejar
que te vayas sin mí.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Prometeo” (1868), Gustave Moreau

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Música: "Blue", The Verve

lunes, 27 de octubre de 2014

LA VIDA

La vida
está ahí,
con su sonrisa amplia
de anuncio de dentífrico
y de playa tropical, sólo
debemos salvar —conservando
el equilibrio
como buenos funámbulos—
el trecho que media
hasta la otra comisura o hasta el borde
de la arena,
antes de la pleamar.

La vida
está ahí,
es un cesto de frutas en sazón,
pero muchas veces,
por más que alarguemos los brazos,
nuestras manos no logran alcanzarlas
para saciarnos;
y en otras ocasiones,
cuando al fin vencemos la distancia,
nos sale caro el precio.

La vida,
de tanto en tanto
—con su escasa tolerancia a la indulgencia—,
nos llena las alforjas de miserias y la boca
de negrura.

También
de tanto en tanto,
puede asomar una flama de luz
llorando por no ser vista.

Mayte Dalianegra


Pinturas: "La vida" (1903), Pablo Ruiz Picasso.
“Qué bonita es la vida cuando nos da de sus riquezas” (1943), Frida Kahlo

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Música: "La vie en rose", Edith Piaf

lunes, 13 de octubre de 2014

QUIERES

A quienes creen, sin razón,
que la poesía ha de ser un género 
tan bello como vacuo
 Quieres que mis letras
sean dádivas de oro
que te recuerden el brillo del sol,
o que te traigan a la memoria
la alegría indolente e ingenua
de esas margaritas
que se prestan a ser deshojadas
buscando aserción o refutación.

Quieres que te hablen
de esos pequeños cupidos
que aparecen en los cuadros antiguos,
y que a menudo son confundidos con ángeles,
aun cuando su existencia se deba
al amor por la carne y no
al amor por el alma.

Quieres leer
la belleza en mis versos,
una belleza
hermana de una felicidad aparente,
aun cuando la verdad
rara vez sea su hermana.

Te daré, pues, mi pluma,
para que sean tus manos
las que dibujen ese cascarón hueco,
porque yo no quiero.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Cupido y Psique infantes" (1890), William Adolphe Bouguereau

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Música:"True nature", Jane's Addiction

lunes, 22 de septiembre de 2014

AMOR


A Rafael


Su nombre dormía
entre las paredes de su corazón
como duerme el fruto
en el cáliz de la flor.

Una mañana abrió los párpados
y pudo dibujar sus sílabas
en el horizonte.

Le pareció conocer ese nombre
desde mucho tiempo atrás,
le pareció que no le era ajeno ni extraño,
le pareció que se pronunciaba
permitiendo que entrase una bocanada de aire
y consintiendo que saliese el mismo aire,
vibrante y caliente,
a través del anillo de sus labios.

Se atrevió a intentar articularlo
con la voz madura del azúcar:
lo vocalizó pausadamente, deteniéndose
en su inicio y en su culmen,
acariciando la liviandad de sus alas.

Después lloró.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Yoel Díaz Gálvez

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Música: "Interstate love song", Stone Temple Pilots

sábado, 30 de agosto de 2014

ALFA Y OMEGA

Soy mi génesis y mi amén,
mi pequeño universo,
el único realmente mío,
el único existente para mí.

El Big Bang comenzó conmigo,
no con mi primera llantina,
sino en el mismo instante de mi concepción.
Ahí los astros centelleaban con el brillo
elemental del relámpago,
iracundos de volcanes:
el sol, la luna,
toda una constelación de estrellas,
una nebulosa  rutilante y rubicunda como la sangre
que ya recorría mis dos células primarias.

Tan pequeña yo,
tan humilde yo,
tan poca cosa yo,
soy todo, mi todo,
soy todo lo que alcanzan mis sentidos:
los prados feraces, los árboles
esbeltos y rozagantes,
las flores y las frutas que en su abundancia
de colorido y aromas
avivan la sana alegría.
El arroyo que le canta a la tierra,
la piedra que recibe su caricia,
el beso que corona los labios amados
y cincela la piel con el mar de su espuma.

Todo eso que soy
me colma y me ancla,
me ata al regalo de la vida,
me desborda el corazón enternecido,
me muerde las aristas del misterio,
y disuelve mi temor al infortunio.

Todo eso que soy,
todo eso,
esa llamarada que me tiñe
de plasma estelar,
se extinguirá en cenizas
tras un día que será una hilacha de luz,
cuando mis pupilas se opaquen de negrura,
cuando el fin del mundo me alcance,
así, quizás hasta de improviso.
El fin del mundo,
el único fin,
el de mi mundo,
el mío.

Mayte Dalianegra

Pintura de Mara Lorenzini

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Música:"Uprising", Muse

sábado, 9 de agosto de 2014

COMPAÑÍA


El sol, 
la luna,
las estrellas que cautivan
con su brillo desmedido,
las flores que se abren al día, 
la carne que se abre al deseo…

Todo aquello que amamos
ya nunca 
nos abandona, 
aunque le demos la espalda,
aunque cerremos los ojos,
aunque desangremos los recuerdos.

Siempre queda la marca 
de una gota
esperando a que nuestras yemas
despierten el calor
que duerme en su cerco seco.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Tulipán rojo y blanco con Venus" (2010), Sherrie Wolf

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Música: "Gotta be somebody", Nickelback

domingo, 27 de julio de 2014

COSTUMBRE


El polvo del camino 
está acostumbrado
a los perros flacos que vagabundean,
a los niños huérfanos  —de todo— que regresan 
a la humildad de sus hogares 
abrazados 
a pequeños tesoros,
a juguetes rotos e inservibles
hallados con tesón en los vertederos.

Está acostumbrado 
a las huellas 
que graban en su árida piel 
los tacos
de botas militares y las orugas 
de tanquetas y carros de combate.

El polvo del camino 
—impasible y estéril—
está acostumbrado
también a otras huellas,
las de pies mal calzados arrastrándose, 
pesarosos, hacia el exilio
impuesto con la voz del fusil.

El polvo del camino,
que todo lo sabe y todo lo calla,
fiel a su costumbre,
rehúsa hablar del humo de las bombas
y de los niños rotos como sus juguetes.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Lorenza II, retrato de una niña palestina", Sandra València

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sábado, 26 de julio de 2014

A ESO DE LA MEDIANOCHE

A eso de la medianoche,
entre las doce y la una,
no extravío zapatitos de cristal
ni afilo caninos
ansiosos de yugulares tiernas,
pues las campanas tocan a rebato
ante un viento alisio
que propaga el fuego de mis sueños,
un ciclón tropical que me sopla ráfagas de susurros,
y me cautiva con su eco colgado de un abismo
que antes sólo escuchaba silencio.

En esa hora precaria de luces
no lamento mi ceguera,
pues alumbra la llama de tu voz
—grave y profunda—
 desvelando auroras boreales
dormidas bajo mis párpados apretados de tinieblas,
y el negro se vuelve azul, verde, amarillo, rojo;
y mi piel se vuelve templo,
santuario para tus manos torcaces,
patria para tus labios de manglar voraz.

A eso de la medianoche
tu aliento florece entre las tupidas selvas,
y soy pantera en la fronda
—acechando el latido de tus vísceras—,
y gacela asustadiza bajo los claros de luna.

En esa hora de sombras zarpa tu buque de guerra
combatiendo, impetuoso,
los embates de mis olas,
calafateando su proa con sal y savia marina,
y enarbolando
—finalmente—
una paz blanca de espuma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Voluptas”, Franz von Lenbach (1836 – 1904)

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miércoles, 16 de julio de 2014

VOLVER A TI


Volver a ti
como vuelve la lluvia al río
después de renunciar al estado gaseoso,
después de haber dejado atrás la sal del mar.

Volver y licuarme,
abrirme paso —con la determinación del rayo—
a través
del páramo yermo,
del sólido corazón de las rocas;
filtrarme en tus simas,
filtrarme en tus  cavernas
y circular por tus corrientes tibias
y subterráneas.

Ser el manantial que baile
sus aguas transparentes
en torno a lotos y nenúfares,
en torno a lirios y azucenas.

Ser la fuente que aplaque tu sed
en un cáliz nuevo,
beber también de tu caudal
y olvidar las arenas rizadas de dunas
con sus ilusorios espejismos de oasis.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Ninfa de agua” (1923), John Collier


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Música: "Snap out of it", Arctic Monkeys

domingo, 6 de julio de 2014

ACTO DE CONTRICIÓN


Durante un tiempo habité
tu periferia,
tus extramuros.

Sabedor de mi éxodo,
me mirabas desde tu adarve
con un mutismo que te manaba del azul
de los ojos
y arrancaba el llanto
a las nubes.
Tus labios también secundaban
esa ofrenda al silencio,
incapaces siquiera de activar los músculos
que elevan las comisuras.

Todo lo vivido en aquella época
—lo que ambos vivimos—
fue semilla sembrada en tierra baldía.
Ninguno de mis besos
floreció en madreselva,
ninguna de mis caricias fructificó en otra piel.

Tras tanta oscuridad
al fin llegó
un albor luminoso,
un amanecer de soles cegadores
que disiparon las sombras calcinándolas,
un día en que me vi las cicatrices
y me percaté del error de mi diáspora,
comprendiendo entonces
lo hueca que estaba sin tu luz.

Arrepentida, enarbolé la bandera
de tu boca y su saliva.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Sabinella", John William Godward

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Música: Adagietto de la Sinfonía Nº 5 de Gustav Mahler (Filarmónica de Viena, dirigida por Leonard Bernstein)

martes, 24 de junio de 2014

SAL


En el pasado, un océano inabarcable
extendía ante mí sus plateadas alas de albatros.
Aquel mar inmenso lamía,
con su burbujeante espuma,
la quilla de mi destino.

¿Qué habrá sido de ese piélago?
Bajo mis pies
ya no hay olas, una marisma salobre
recuerda su ubicación.

¿Dónde
se han ido
sus peces,
sus corales y arrecifes,
sus estrellas, sus anémonas, los bivalvos
con sus perlas voluptuosas?

¿Dónde
se desvanecieron
esas huellas,
esas sombras?
¿En qué escarpado farallón
se encallaron mis deseos?
¿En qué iracundas aguas
se apagaron los volcanes
que incendiaban nuestras bocas?

¿Dónde naufragó tu pecho cubierto
de amaneceres?
¿Dónde perdimos los besos, los abrazos
y las cópulas?

Tanto le pregunto al viento, tanto…
que obtengo zozobra y sal.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Comfort", Eric Zener

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Música: "Feelin' way too damn good", Nickelback.

martes, 17 de junio de 2014

LA VIDA TE ENSEÑA

Tras el túnel oscuro
se abren las hojas de una puerta
de luz.
Cegada, prorrumpes
en llanto, y una burbuja de aire
te saluda.

Has llegado, al fin has llegado
(lo quieras o no, lo quieran o no),
vacilante, confundida, tibia;
mas no pienses que estás ante la meta.

Después
correrás embriagada de sueños,
persiguiendo lo que todos
te dirán que debes tener, y creerás
en lo que todos te dirán que debes creer.

Pero la vida
te enseña.

Te enseña que las hadas sólo existen
en los cuentos, que las estrellas
no se mantienen suspendidas —ingrávidas—
en el velo de la noche,
por deseo de ningún poderoso nigromante;

que te sobrarán los dedos
de una mano para contar
con ellos a los amigos sinceros;
que el llanto suele imponerse a la risa,
por mucho que ésta se empeñe
en ejercitar la mandíbula,
y que el miedo siempre clava
su aguijón,
emponzoñado por una causa o por otra.

La vida
te enseña.

Te enseña
a no confiar en la promisión de falsos
profetas, a sospechar de quienes
te llamen “princesa”
sin tener intención de entronizarte,
a no creerte el ombligo
del mundo,
y a no mirarte tanto el ombligo.

La vida
te enseña.

 A veces te enseña
golpeándote fuerte
y derribándote, para que te levantes
y aprendas a mantener el equilibrio.

La vida
te enseña
que cuando recibas como obsequio
un ramito de violetas, aprecies
la lozanía de esos pétalos
de místico colorido
y fragancia delicada,
sin olvidar que más temprano
que tarde, se desprenderán
marchitos.

Mayte Dalianegra

Pintura: "La tumba de las violetas",  James Dromgole Linton

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domingo, 8 de junio de 2014

AMIGOS

Con las frentes erguidas
al viento
(como esos colosos pascuenses
que contemplan, desde sus rostros hieráticos,
impertérritos,
a cuanta ola se bate y rompe
contra el quicio de su isla remota),
alargaremos
los brazos hasta colarlos
por las rendijas del otro,
aun cuando el horizonte se nuble
en espesura,
en noche calcinada,
en brasa sin aparente simiente.

Las frentes, las nuestras,
 orbitando
en torno a una razón cósmica
inmensa y a la vez modesta,
como una estrella celeste,
como una estrella de mar,
sintiendo
la luminiscencia del otro,
del que siempre acompaña
en el aliento cálido y sincero del abrazo,
del que nunca cruzará
nuestro Rubicón.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Jóvenes griegas jugando a la pelota” (1889), Frederic Leighton. Dick Institute, Kilmarnock, UK

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jueves, 29 de mayo de 2014

MÍA


La luz cobriza de la tarde
tensaba un arco de manos y distancias
en la atmósfera.

Todos los besos
sabían al vacío vibrante de mi boca,
todas las rosas
florecían entre mis muslos,
todos sus pétalos
surgían de las sinuosas curvas
de mis labios
y contenían un rubí rutilante,
una gema escarlata.

Aquella luz vespertina se fue,
los besos se imaginaron
durante el reposo nocturno.

Las estrellas mutaron sus hábitos
y se encerraron en mi aliento,
sentía sus brillos plateados,
sentía sus chisporroteos
entre los dientes,
sentía sus afinadas voces
de clarinete, sus lenguaraces diálogos.

Entonces fui mía quizá por primera vez
—mía y sólo mía—,
como si fuera de mí nada existiera.

(Mayte Dalianegra)

Dibujo de Andrew Lattimore 

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miércoles, 21 de mayo de 2014

GRANDEZA

En medio del asfalto,
en el agua remansada
de un charco, entre la suciedad
y el combustible
vertido,
brilla un arco iris fosforescente.

En ese hábitat inmundo,
tras descolgarse el trapecio
de la noche,
las estrellas juegan a guiñarse
los ojos
y a peinar la cabellera cítrica
de algún cometa.

Ese charco
pequeño, humilde,
recibe, en la modestia
de su lecho, toda la grandeza del universo.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Las siete Pléyades” (1885), Elihu Vedder

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jueves, 15 de mayo de 2014

ALGUNAS NOCHES


Algunas noches
despierto bruscamente
de mi sueño,
y una tristeza azul
se acuartela en mis esquinas,
impávida,
fría, desnuda,
con un borde acerado
que me hace sentir en medio de la nada.

Una tristeza que es toda una herrumbre,
una incursión en la levedad del cero,
en el silencio oscuro
matizado por la luz
—tenue y líquida—
de una lluvia que me va erosionando.

Algunas noches
son cascarones vacíos,
cicatrices escarificadas en sus pieles
negras y espesas.
Entonces, la vida me pasa ante los ojos
como si fueran pupilas moribundas
que me traen otras vidas
de las que sólo quedan fotografías,
alguna que otra letra
en una carta ajada,
y los secretos que morirán conmigo.

(Mayte Dalianegra)
 
Pintura: “Estoy medio enferma de sombras, dijo la Dama de Shalott”
(1913), Sidney Harold Meteyard

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sábado, 10 de mayo de 2014

PASADO Y PRESENTE

El tiempo es un pájaro
que vuela de su nido
hacia otro árbol,
llevando en el pico las pequeñas
ramas
que le cobijaron en su nacimiento.

En el nuevo árbol
construye otro nido
(cuya existencia no sería posible
sin el nido antiguo).

Concluido ese nido,
nada queda ya del nido anterior,
nada queda, ni siquiera el pájaro,
nada queda, excepto esas ramas.

En el nido nuevo,
un huevo eclosiona.

(c) Mayte Dalianegra

Pintura de Vincent Bakkum

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domingo, 4 de mayo de 2014

GOTA DE AGUA


Anhelante de otra gota de agua
me lancé a los ríos,
a sus corrientes sinuosas,
a sus meandros serpenteantes
ocultos entre los juncos.

No habitaba en mí el temor
al ahogamiento ni a la asfixia.
Me sentí arrastrada
por aguas impuras.
Un caimán grande y poderoso
me mostró la sierra marfileña
de sus mandíbulas; lo ignoré y proseguí
mi avance inexorable
hacia la cascada y su precipicio.

La amargura del curare penetró
en el caudal de mi sangre
como la aguda proa de una canoa.
También navegaron por ella los ocelos del jaguar
y los élitros translúcidos de las libélulas.

Todo aquel rumbo incierto,
aquel viraje,
me desorientaba,
me apretaba el corazón
y las arterias.

Nunca sabré el porqué
de aquella inercia, buscando
aquella gota entre fangales.

Nunca sabré el porqué
de mi ceguera, de aquel querer cambiar
tus aguas diáfanas por la turbieza.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Agua clara", Miguel Avataneo

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lunes, 28 de abril de 2014

ROMANTICISMO

Imaginemos un pasado para algo del pasado,
para las piedras silentes que custodian
las voces de quienes acariciaron sus sólidos
tegumentos con sus secretos.

Imaginemos un pasado guardado largamente,
que nos hable
de otras auroras, de otras memorias.

Entornemos los ojos,
volvamos la mirada hacia otras eras.

Imaginemos el país de Egipto,
con sus pirámides
de sillares dorados por un sol crepuscular,
con sus pilonos majestuosos como antesala
de los templos,
con sus jeroglíficos y sus bajorrelieves,
con la verticalidad vertiginosa
de sus afilados obeliscos.

Imaginemos la Grecia clásica,
con sus columnatas estriadas y sus pórticos,
o la Roma que conmoviera al mundo
con un imperio de arcos triunfales,
o el Tahuantinsuyu de los incas,
con sus enclaves de elevada orografía planetaria,
o las ciudadelas
mayas surcadas por el vuelo del quetzal de plumas
de jade.

Imaginemos los castillos
medievales y sus adarves
almenados troquelados en el cielo,
las pagodas de tejados curvilíneos
superpuestos, con sus colosales Budas,
las cúpulas de las mezquitas de Estambul,
las doradas de las catedrales rusas y su Kremlin,
o la deslumbrante masa marmórea del Taj Mahal.

Imaginemos un pasado que insufle
aliento a todo vestigio de lo que fue orgánico
y hoy es muro pétreo.

Visitemos la cotidianidad antigua
que exponen los museos,
e imaginemos laureles
para la boca sin lengua del enigma,
mientras cerramos los párpados a la noche atroz,
al reverso oscuro.

Mayte Dalianegra
 
Pintura: “Interior del Templo de Abu Simbel, Egipto”, David Roberts (1796 – 1864)

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