viernes, 31 de diciembre de 2010

"PEREGRINA PALOMA IMAGINARIA", Ricardo Jaimes Freyre


Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.

Vuele sobre la roca solitaria
que baña el mar glacial de los dolores;
haya, a tu peso, un haz de resplandores,
sobre la adusta roca solitaria...

Vuele sobre la roca solitaria
peregrine paloma, ala de nieve
como divina hostia, ala tan leve...

Como un copo de nieve; ala divina,
copo de nieve, lirio, hostia, neblina,
peregrina paloma imaginaria...

(Ricardo Jaimes Freyre)

Pintura de David Caesar

jueves, 30 de diciembre de 2010

DOLIENTE AUSENCIA...


La oscura angustia de la plañidera azota mi pecho
en el callado remanso de la aurora,
cuando la tierra, humeante de sal y azufre, me espera,
y la noche, temerosa de un onírico universo, aún gotea.

La placidez de un sueño inconcluso evoca una dulce ambrosía,
el melifluo jarabe de tus besos amagando alcanzar mis labios trémulos
o la suave sinfonía de tu piel engendrando pavesas en la mía,
convulsionando mis vísceras como tenias en insufrible ayuno,
en esa  hambruna silenciosa y lóbrega que tu cuerpo huido me suscita.

No soportan mis entrañas la ausencia de las tuyas,
remisa mi rubicunda concavidad a la omisión de tu boca,
al desamparo de tus robustas manos, a la deserción de lo convexo,
vigoroso alminar que arroba la cúspide de mi consciencia
elevándome - grácil garza - hacia el rutilante topacio
de un firmamento pertrechado de luceros.

No se conforman mis ojos con el recuerdo de los tuyos,
gavilanes furibundos hincando sus garras en mis pupilas,
erizándome los poros, aguijoneando mis carnes,
escaldando mi sangre, espoleando mis sentidos.

No se acomoda mi alma a saberte ahora tan lejos,
a esa espera impaciente y tosca que desbroza el olvido
y despelleja la nostalgia, que zozobra en la memoria
para, abatida y consternada, doliente en este destierro,
anhelar, enfervorizada hasta la demencia, el ansiado regreso de tus huellas.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Onirique” (Onírico), 2009, Ralph Heimans, colección privada, Sydney

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domingo, 19 de diciembre de 2010

LUNA.

Luna, cascabel de plata fina
suspendido en la negrura,
ajorca coruscante de la noche
que bañas el regazo de la tierra
de albino y nacarado resplandor,
que tiñes de luces y de sombras,
de fantasmas de castillo medieval,
las piedras de senderos infinitos,
esos ríos de cauce sin caudal.

Luna, orondo lucero,
sinuoso anfiteatro estelar,
enroscada sierpe de volcánica piel
que creces y menguas a voluntad,
retuerces los mares, avivas sus aguas,
y hasta los niños te saben cantar.

Luna, mostrando el rostro
que no puedes ocultar,
visitas mi casa a estas horas,
te veo en  mi florido ventanal
y me pregunto, si en la distancia,
mi amado también te admirará.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Le crepuscule", (El crepúsculo), 1882, William Adolphe Bouguereau. Colección privada.
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sábado, 4 de diciembre de 2010

TU MIRADA.

Exhalaba el día su embriagador aliento a jazmín y hierbabuena
cuando la albura se evaporaba en un mar de oscuridades,
en las postreras horas de la tarde, aquéllas en las que Orión
asaetea frágiles gacelas de infructuoso zigzagueo,
y ebrio de su magras carnes, ahíto de rumiar su gloria,
escupe fuego crepuscular sobre la aljaba de Artemisa.

Fue durante ese tiempo que cobijaste tu testa en mi regazo,
relajado y fértil de cometas y de estrellas,
advirtiendo entonces el rubor que tintaba mis mejillas,
arreboladas éstas ante el impúdico descenso de tan dilatadas pupilas.

Cleopatra, con su untuosa sonrisa de miel y dátiles maduros,
jamás recibiera de César ni de Antonio tan lasciva mirada,
jamás la reina del Egipto de los Lágidas, envuelta en cendales,
o cubierta con el oro del país de Punt o con lapislázuli y turquesas afganas,
fuera objeto de tal acechanza, de ese deseo desenfrenado y ciego
que manifiestan quienes rotan su corazón en torno al sol,
quienes arden en la hoguera del delirio concupiscente
y renacen, fortalecidos, como árboles de ramas taladas,
muertas las hojas a sus pies, marchitos los frutos, consumidas las raíces,
pero viva la médula, vigorosa, firme, erguida, enhiesta,
orgullosa de un destino imperecedero.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "The finding of Moses", (El hallazgo de Moisés), 1904, Lawrence Alma-Tadema.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

NUESTROS OJOS.

En las cuencas de mis ojos
nacen dos serenos mares,
 espectros tornasolados de arco iris
o centelleantes esmeraldas
engarzadas, con pulcro esmero,
en el bruñido oro del crepúsculo,
que se tornan tempestuosos
cuando, ansiosos, escudriñan
la tersura satinada de la noche,
rastreando, con el vértice de los nervios,
la huella que en ella dejaron los tuyos,
esos brunos abismos de caleidoscópica simetría,
que me observan como mira el sol a la estrellas.

Mayte Dalianegra.

Pintura de Rolf Armstrong, (1889 - 1960).

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sábado, 27 de noviembre de 2010

LLÉVAME AL SUR.

La luna brilla engastada
en la noche gaditana,
con el mármol de su rostro
asido al pitón de un toro,
bailando hasta la mañana
en un tablao celeste.

La luna tiene un balcón
sobre las olas de plata,
ciñe su frente una tiara
de nubes enjalbegadas,
mientras relumbran luceros
de cobrizo almazarrón.

Me mira esa luna blanca
con sus ojitos de nata,
me pide clavo y canela
y una copa de aguardiente,
para remontar la pena
de no poder ver el sol.

Quiero estar allí presente
antes del amanecer,
cuando la luna se vaya
a dormir a su morada,
ansío saciarme de ella
reposando en tu almohada.

Llévame al sur, marinero,
en tu nave de azafrán,
con la vela a sotavento,
con el mar en mis caderas
cabalgando un alazán.

Mayte Dalianegra.

Pintura de Valery Tsukakhin.

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domingo, 7 de noviembre de 2010

LA MALDICIÓN DE VENUS ERICINA.

En la nimbada cumbre del monte Erice,
hincada de hinojos entre floridos brezos,
rogué a la más temible de las diosas del amor
que no afligiese mi enteco corazón con el veneno de la pasión,
mas la inflexible deidad desatendió mis súplicas
y atravesaron mi pecho venablos y saetas,
desplegaron sus alas las ponzoñosas libélulas
y hasta las mariposas, de ágil y etéreo vuelo,
vertieron sobre mis labios pócimas tan deletéreas como deleitosas.

¡Ay de mí, que de amar sucumbo,
contaminada por el flujo incesante de tales filtros amatorios!
¡Ay de mí! ¿Qué hechicera, qué nigromante, elaboró tan letal brebaje?
Ni Circe, ni Medea, ni mortal alguna, podrían igualar tales efectos.

Sólo atisbar el eco de su risa,
esa álgida cascada que me arrebata el alma,
que trueca mis sentidos en columna torsa,
sólo escuchar el silencio de su mirada,
esa insondable sima donde se arroja mi enjundia,
precipitándose al vacío desde el trapecio del infinito,
sólo compartir con él la insignificante fracción de un nanosegundo…
¡y retoña en mí la felicidad más absoluta!

Mayte Dalianegra.

Pintura: "El Nacimiento de Venus", 1879, William Adolphe Bouguereau. Museo de Orsay, París.
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jueves, 4 de noviembre de 2010

EL ÁNGEL AZUL.

Llevaba entrañas de sierpe entre los dientes,
y los pezones bruñidos
por tantas manos,
como luciérnagas avivaban su mirada
al encenderse las candilejas del proscenio.

Poseía ojos de marisma
en calma enturbiados por un huracán de khol,
y los labios
 eran ciclámenes encarnados
desmadejándose
ante el paso convulso de sus palabras.

Vibraba su voz de humo
en notas graves
—sostenidas en el desfiladero de su laringe—
quebrándose en fragor de catarata.

A horcajadas sobre una silla de cabaret,
así respiraba aquel ángel azul
la noche oscura,
engendrando pasiones de hiel y cieno,
 alumbrando el despertar de una aurora marchita
en la república de las quimeras,
en el Berlín de los manumisos.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Cabaret", Raymond Leech.
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lunes, 1 de noviembre de 2010

COMO ISADORA DUNCAN...

En el lindero de lo finito,
mis pies desnudos, como los de Isadora,
vuelan en acrobacias y fugaces piruetas,
surcan el tiempo avanzando al revés,
suspendiéndose en un remoto pretérito,
orlando mis sienes de floridas tiaras,
cubriendo mi torso con drapeados peplos.

Danzan esos pies ansiando alcanzar los cielos
con cabriolas dignas del alígero Pegaso,
aceleran de súbito para detenerse inesperadamente,
codiciando las glaucas plumas de un quetzal,
o quizás, las membranosas alas de una mariposa monarca.

En ocasiones se muestran torpes y anquilosados
- amazacotadas tortugas de jade incapaces de movimiento alguno -
mas, otras veces, planean y se elevan hacia el firmamento,
portando, sobre ellos, la carga de mi piel y de mis huesos
y he aquí, que entonces, me siento ingrávida, sutil y etérea,
cálamo mecido por la brisa, vaporosa y liviana como el papel de seda.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “La danza”, 1856, William Adolphe Bouguereau.

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viernes, 29 de octubre de 2010

TENGO UN AMOR.

Tengo un amor que suspira, con ascuas en las pupilas,
cuando el escarpado horizonte de mis pechos
aflora entre la bruma de su agitado resuello,
o las combadas curvas de mis caderas
inician la tremolante danza de una odalisca del Serrallo.

Tengo un amor que vibra, cuajado de arpegios,
cuando acerco mis manos, esas dos palomas torcaces
ávidas y resueltas, al volcán que se funde entre sus muslos
y origina maremotos de candente lava
bajo la nívea seda que envuelve mi vientre de nereida.

Tengo un amor cuyo sexo palpita con mi sístole y mi diástole,
engendrando movimientos sísmicos y astrales,
rugiendo enardecido con la ferocidad de un león del Atlas,
consumiendo su bravura en el crepitar de las brasas nocturnas
para renacer con las fúlgidas luces del alba, como alado Fénix,
y partir marcando el trote ligero de un unicornio azul.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Odalisque”, (Odalisca), 2009, Kiéra Malone.

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viernes, 22 de octubre de 2010

"Y PORQUE AMOR COMBATE", Pablo Neruda


Y porque Amor combate
no sólo en su quemante agricultura,
sino en la boca de hombres y mujeres,
terminaré saliéndole al camino
a los que entre mi pecho y tu fragancia
quieran interponer su planta oscura.
De mí nada más malo
te dirán, amor mio,
de lo que yo te dije.
Yo viví en las praderas
antes de conocerte
y no esperé el amor sino que estuve
acechando y salté sobre la rosa.
Qué más pueden decirte?
No soy bueno ni malo sino un hombre,
y agregarán entonces el peligro
de mi vida, que conoces
y que con tu pasión has compartido.
Y bien, este peligro
es peligro de amor, de amor completo
hacia toda la vida,
hacia todas las vidas,
y si este amor nos trae
la muerte o las prisiones,
yo estoy seguro que tus grandes ojos,
como cuando los beso
se cerrarán entonces con orgullo,
en doble orgullo, amor,
con tu orgullo y el mío.
Pero hacia mis orejas vendrán antes
a socavar la torre
del amor dulce y duro que nos liga,
y me dirán: -"Aquella
que tú amas,
no es mujer para ti,
por qué la quieres? Creo
que podrías hallar una más bella,
más seria, más profunda,
más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera,
y qué cabeza tiene,
y mírala cómo se viste
y etcétera y etcétera."
Y yo en estas líneas digo:
así te quiero, amor,
amor, así te amo,
así corno te vistes
y como se levanta
tu cabellera y como
tu boca se sonríe,
ligera como el agua
del manantial sobre las piedras puras,
así te quiero, amada.
Al pan yo no le pido que me enseñe
sino que no me falte
durante cada día de la vida.
Yo no sé nada de la luz, de dónde
viene ni dónde va,
yo sólo quiero que la luz alumbre,
yo no pido a la noche
explicaciones,
yo la espero y me envuelve,
y así tú, pan y luz
y sombra eres.
Has venido a mi vida
con lo que tú traías,
hecha
de luz y pan y sombra te esperaba,
y así te necesito,
así te amo,
y a cuantos quieran escuchar mañana
lo que no les diré, que aquí lo lean,
y retrocedan hoy porque es temprano
para estos argumentos.
Mañana sólo les daremos
una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja
que caerá sobre la tierra
como si la hubieran hecho nuestros labios,
como un beso que cae
desde nuestras alturas invencibles
para mostrar el fuego y la ternura
de un amor verdadero.

(Pablo Neruda)

Pintura: "El despertar de Psique", Gillaume Seignac (1870 - 1924)

lunes, 18 de octubre de 2010

DE AMOR Y DE MUERTE.


Fenece Isolda en el agudo trino de una diva,
bajo el plúmbeo telón de la nostalgia,
y en bambalinas, mueren de súbito,
las bailarinas que Degas un día pintara;
el color de sus pasteles delicados
tiñe de sangre zapatillas y tutúes,
se extingue el Céfiro que Botticelli retratara
y la primavera comparte féretro con Venus Urania.

Llega la luna perfumada de tinieblas,
no halla consuelo Tristán en la alborada
y la vida se evade de sus arterias.

El fauno de Debussy no despierta de su siesta,
el verano se aboca en un diluvio de tormentas,
Mallarmé grita enojado asustando a las ninfas
y Baco alza el grial en el funeral de Ofelia.

Sigfrido perece en vano sin saber aún el porqué,
dormida yace Julieta, vela su sueño Lady Macbeth,
un grillo canta en la noche mientras, despierta,
recuerdo que ayer mismo me juraste amor eterno.

Hoy sigo viva,
hoy late íntegro el corazón que a ti te ofrendo,
hoy lucha mi alma, enfebrecida,
para no dejarme aniquilar por el lamento.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Bailarinas de rosa en los bastidores”, Edgar Degas (1834 – 1917)

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sábado, 16 de octubre de 2010

SONABA UN TANGO DE GARDEL...

Sonaba un tango de Gardel
en la gramola del destino.

Bajo las sienes nevadas por el tiempo
retornan los ojos que vieron florecer
el amor que nos tuvimos, el amor que nos tenemos,
aquél que nunca habremos de perder.

Musita, pesaroso, un errante bandoneón,
entre los serpenteantes nimbos que hilvanan tus cigarrillos,
humo plomizo con áspero sabor a absenta,
noches quebradas por el eco de un tacón.

Vuelve la frente sobre el paso de la vida,
marchita y argéntea,
oteando en las sombras de un ayer que lo fue todo,
de un hoy que apenas es nada,
de un mañana que vendrá rasgándonos la mirada,
deteniendo nuestros sueños sobre barcos de papel.

Y volver y volver,
apurando la verde corola de una copa,
libando la savia de la amarga cicuta que acendra en nuestros labios,
brindando por un futuro que nunca será nuestro,
fundiendo los brazos en un crisol de fortunas
asidos a la promesa esperanzada del recuerdo,
girando, como derviches, en el eje mismo del universo.

Sonaba un tango de Gardel
tras el desvaído reflejo del otoño…

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Provocation”, (Provocación), 2008, Hamish Blakely.

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SILENCIO.


Hoy mi voz se engalana con el moho del silencio,
de ese pesar oscuro que desgarra,
que revienta las entrañas.

Supe, tarde, pero supe,
que la flauta que nacía en mi garganta
emitía la irritante salmodia de las sirenas.

Decidí entonces mutar por tristeza mi natural alegría,
orlar de negros crespones mi sonrisa,
ornar de lágrimas mi otrora centelleante mirada,
gozar de la eterna compañía de la nada…

Mayte Dalianegra

Pintura: “Ulysses and the Sirens” (Ulises y las sirenas), 1910, Herbert Draper

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jueves, 14 de octubre de 2010

TE VI PARTIR...


Como Circe viera partir a Odiseo rumbo a su ansiada Ítaca,
así te vi partir, en la afilada arista de la medianoche,
desde una excelsa baranda custodiada por Selene,
y el alma, ya nudo gordiano, se me aherrojó a la laringe.

Tremolaba entonces tu diestra como carnal oriflama,
preñándome el corazón  con el dulce y untuoso esperma de tu amor.

Ahora, en el ábaco infinito del horizonte,
vislumbro el árido vacío que tu ausencia me lega,
nacen en mí inagotables mares muertos de lágrimas
cultivando una infructuosa cosecha sobre surcos de sal.
¡Ni la Cartago destruida atisbara tan gran espectro en ruinas!

La nostalgia me disuelve las vísceras
que fueron tu feudo durante unas horas,
para evocar tu nombre y tu figura,
para lamer el aire que respiras,
para postrarme ante el rastro impreciso de tu sombra
y beber de ella con la sed secular de un camélido
tras una sofocante travesía por baldías dunas,
deleitándome, con su acre sabor a recuerdo,
en la infinita prodigalidad del alba.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Circe offering the cup to Ulysses”, (Circe ofreciendo la copa a Ulises), 1891, John William Waterhouse.  Colección Andrew Llyod Weber.
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martes, 28 de septiembre de 2010

CUATRO ESTACIONES.

Como la abierta corola
de una peonia rosada,
así medra este amor,
que con tierno mimo injerto,
entre cientos de ciruelos
florecidos en invierno.

Esos frutos nacerán,
y endulzarán
nuestras nieves,
y darán paso a otras mieles
más sabrosas,
de un gusto a oscura melaza,
que se fundirá en las bocas
de quienes tanto se aman.

Llegarán las primaveras
floridas entre naranjos,
y de aroma a azahares
se renovarán las calles.

Y pasearemos del brazo
bajo el sol mediterráneo,
con cerezas en las manos,
mientras se enciende el verano,
con lágrimas en los ojos
por habernos encontrado.

Y esta vez en el otoño,
cuando las hojas se muden,
como mudan las culebras
el metal de sus escamas,
nos robaremos un beso
a la sombra de un castaño.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Primavera", Sergei Chaplygin.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

VOY A TENERTE DE NUEVO

Voy a tenerte de nuevo
enredado a mi cintura,
deslizándome los dedos
por la seda de mis curvas.

Vas a ceñirte a mi cuerpo
y vas a verme desnuda,
como mujer cuyo credo
se base en hacerse tuya.

Voy a sentirte muy dentro,
en mi cálida hendidura,
voy a gozarte ya en celo,
como hembra sin compostura.

Vamos a viajar muy lejos,
llevados por la locura
del lujurioso deseo
y la lascivia absoluta.

Mayte Dalianegra

Pintura de Kathrin Longhurst
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sábado, 25 de septiembre de 2010

MIS MANOS TE RECORREN


Mis manos te recorren en el aire 
y en el vacío creciente trazan 
tu perfil.
Cincelan con habilidad de orfebre
la textura de tu piel,
la firmeza de tus músculos.

Mis manos te buscan
en la soledad del alba
y te hallan al crepúsculo en el eco 
lejano de una voz,
o en el recuerdo de las noches
que vivimos
enlazados en nudo gordiano.

Extrañan la caricia de esa brisa 
que es tu aliento,
extrañan también el bálsamo 
de tus susurros.

Mis manos son
rehenes de las tuyas,
rehenes como mis labios
y mis muslos
lo son del fuego vibrante
de tu lengua.

Mis manos te añoran
ansiosas de surcar
tu espalda en mil caminos,
anhelantes de cerrarse en torno tuyo,
de abrigar tu calor como un anillo,
de custodiar en sus palmas 
el ardiente manantial de tu simiente
y florecer en los pétalos blancos
de las azucenas.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura de Christopher Pew 

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

TU NOMBRE DE HOMBRE


Camino sola, triste,
triste y sola por calles desiertas,
grises, desprovistas de toda vida;
y entonces atino a pronunciar tu nombre,
tu nombre de hombre,
ese nombre que escancia esencia de macho,
y caigo subyugada, doblegada,
mansa al fin, pero completa,
ante la inmensidad latente de tu persona.

Mayte Dalianegra

Pintura: "Evening bolero" (Bolero de la tarde), 2009, Andrew Talbot

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jueves, 16 de septiembre de 2010

EL VERANO SE VA


El verano se va,
coletea su estela
hundiéndose en el salitre
como un pez abisal;
se lo lleva septiembre,
zambulléndose en la plata del mar
como un tritón brioso.

Se va este tiempo fecundo
con su cáliz de oro y nácar,
con su calor de infierno dulzón,
con su cadencia oleosa.

La aurora llega,
con su anzuelo
de adelfas escarlata,
pergeñando la emboscada del otoño.

El verano se va,
su claridad se apaga
entre la hojarasca de un túnel sombrío.

Se va este tiempo azul.
Mis barcos navegan
—atentos al horizonte—
con la esperanza
de volver a avistar
la luz de su faro.

(Mayte Llera, Dalianegra)

Pintura: "Expectations" (1885) Lawrence Alma-Tadema

© Todos los derechos reservados

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martes, 7 de septiembre de 2010

MI NIÑO MARINERO.

Hijo del mar,
hijo del cielo,
mi niño marinero.

En el aura de tu piel
yace una sierpe dormida,
serpiente de mar y fuego,
de espuma envuelta en candela,
mi boca no se resiste
y la besa con cautela.

Niño de mil azucenas,
el que duerme a la serena
sobre la arena encendida
en brasas que la devoran,
ven esta noche a mi lecho,
antes que despunte el alba,
que una corona de rosas
prenderé sobre tu alma.

Niño de mis entretelas,
el que golpea mis sienes
con el martillo infinito
del amor que va y que vuelve,
reposa sobre mi pecho
tu testa orlada de flores,
que colmaré con amores
tu hambre y tu sed de viento.

Niño hermoso del sur,
el de espalda perfumada
de salitre y caracolas,
que los mares siempre traigan
a mi recuerdo tu imagen,
la esbelta efigie del héroe
de una tragedia troyana.

Hijo del mar,
hijo del cielo,
mi niño marinero...

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Ayamonte", 1919, Joaquín Sorolla y Bastida.

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domingo, 5 de septiembre de 2010

EL MONZÓN.

El sol se tinta de lila
sobre un cielo azafranado,
ya se avecinan, con ira,
las tormentas del monzón.

Bullen las gotas, lascivas,
sobre los charcos de fango,
en tenaz concupiscencia
con vientos a la sazón.

El clima, soliviantado,
grandes trombas de agua impele,
que libarán esos campos
y parirán mantos verdes.

Por el aire, navegando,
viaja el aroma del té
que su madre, la camelia,
ha dejado por doquier.

Llegan también las fragancias
de canela, cardamomo
y pimienta de Kerala,
en toda su exuberancia.

El monzón monta en el lomo
de un elefante de jade
y volando, como un ave,
surca el Golfo de Bengala.

Mayte Dalianegra.

Pintura:  “Taj Mahal”, Laura Climent.

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viernes, 3 de septiembre de 2010

LOCA DE AMOR.

Con el rostro abrasado
por el salitre del llanto,
enrojecidos los ojos,
los labios enmudecidos,
pergeñando mil suicidios,
hincada de hinojos,
humildemente,
me declaro,
¡loca de amor!
como la reina Juana,
loca, rematadamente
loca, enamorada
perdidamente,
cautiva de esta pasión,
de este tremendo ardor,
hasta la desesperación.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Beata Beatrix”, 1863, Dante Gabriel Rossetti. Tate Gallery, Londres.

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sábado, 28 de agosto de 2010

SI TENGO QUE MORIR.

Si tengo que morir
y que morir tengo,
que sea en el rabel afinado
de tu amada boca,
que sea entre tus brazos,
abiertos como un lecho
de nenúfares blancos
y de azaleas rojas,
o en el crepúsculo dorado
que se enciende
en el brillo negro
de tus dos luceros.

Si tengo que morir
y que morir tengo,
que sea entre los versos
que tu voz desgrane,
que sea entre las rosas
que amorosamente
cultivan tus manos.

Descansaré gozosa
en esa rosaleda,
bajo un recio arco,
ése que se extiende
entre tu fornido pecho
y tus ágiles dedos,
ése que se enreda,
como obstinada hiedra,
en torno a mi talle,
y sobre él, cimbrea.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "Beijing", (Pekín), 2007, Liu Yuanshou.

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domingo, 22 de agosto de 2010

AGUA.

Agua remansada en tu cauce soy,
agua dulce que se vierte,
cual cascada fragorosa,
en el cáliz de tu amor.

Agua salobre también,
la que de mis ojos fluye
cuando la emoción me embarga
ante el recuerdo distante.

Agua pura, fresca,
cristalina y desbordante,
que inunda mi corazón
al saberte apresado
por esta ígnea pasión.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Dolce far niente”, "Sweet nothing", (Dulce no hacer nada), 1897, John William Godward.

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viernes, 30 de julio de 2010

ROMANCE DE NUESTRO LECHO.


Sobre ese trigo dorado
y sobre el rubio centeno,
sobre esas áureas mieses
mullidas con pajizo heno,
nos haremos una cama,
que será pasto del fuego
de una pasión delirante.

De sedas la vestiremos,
bordada de finos hilos,
con encajes la ornaremos.

Bajo su luz plateada,
tendidos sobre ese lecho,
en un abrazo fundidos,
los astros del firmamento,
con el fulgor de sus rayos,
bendecirán nuestros besos.

Esos besos inflamados,
aquéllos que robaremos,
de entre las arcas de Cronos,
con ansias, a los recuerdos.

Besos ardientes y vivos,
aquéllos que nos daremos
con desenfreno y lujuria,
cuando volvamos a vernos.

Mayte Dalianegra

Pintura: “El beso en la cama”, 1892, Henri de Toulouse-Lautrec

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