lunes, 18 de octubre de 2010

DE AMOR Y DE MUERTE.

Fenece Isolda en el agudo trino de una diva,
bajo el plúmbeo telón de la nostalgia,
y en bambalinas, mueren de súbito,
las bailarinas que Degas un día pintara;
el color de sus pasteles delicados
tiñe de sangre zapatillas y tutúes,
se extingue el Céfiro que Botticelli retratara
y la primavera comparte féretro con Venus Urania.

Llega la luna perfumada de tinieblas,
no halla consuelo Tristán en la alborada
y la vida se evade de sus arterias.

El fauno de Debussy no despierta de su siesta,
el verano se aboca en un diluvio de tormentas,
Mallarmé grita enojado asustando a las ninfas
y Baco alza el grial en el funeral de Ofelia.

Sigfrido perece en vano sin saber aún el porqué,
dormida yace Julieta, vela su sueño Lady Macbeth,
un grillo canta en la noche mientras, despierta,
recuerdo que ayer mismo me juraste amor eterno.

Hoy sigo viva,
hoy late íntegro el corazón que a ti te ofrendo,
hoy lucha mi alma, enfebrecida,
para no dejarme aniquilar por el lamento.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Bailarinas de rosa en los bastidores”, Edgar Degas, (1834 – 1917).

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