jueves, 28 de mayo de 2015

PALABRAS


 A Pepe García Resille
 y Reme Gras (Siloe Sombra)

No todas las palabras
suenan del mismo modo,
algunas, como playa, ola, verano,
arena, palmeral, vergel, oasis,
son refrescante jugo de papaya
y tienen la dulzura de los dátiles.

Las hay con suavidad de terciopelo,
de ojos tiernos de niño descubriendo
entre las bagatelas maravillas.

Otras son redentoras como rosas,
clavando las espinas de sus tallos,
para besar después la carne herida
con sus labios de pétalos fragantes.

Sin embargo, no todas las palabras
mantienen su brillante pulimento,
algunas se enmohecen con el tiempo
y padecen herrumbres permanentes;

si bien hay excepciones que florecen
y son lirios bebiendo la belleza
debajo de las costras oxidadas.

Ilusión y esperanza
son dos de esas palabras.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “La caja de Pandora”, John William Waterhouse

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domingo, 17 de mayo de 2015

TÚ Y TUS PERICOS

Tú y tus pericos multicolores,
tus monos negros,
tus gatos igualmente negros,
la cervatilla asaeteada,
como un San Sebastián silvestre
entonando una elegía por sí misma
(por ti misma),
por el inmenso dolor que te laceraba
por dentro,
por fuera.

Tú y tus pericos tornasolados,
el yugo de tus cejas unciéndote los ojos,
tu bigotito ambiguo, andrógino,
tu pierna flaca de poliomielitis,
los largos vestidos
de tehuana y los pantalones para disimularla,
los corsés de escayola
—como aquel pintado con la hoz
y el martillo—,
a veces el otro con cinchas de acero,
las cicatrices,
el matrimonio
que te pintaba lágrimas
por otras que él amaba,
las lágrimas por otras y otros
que también amaste tú, 
y por los hijos perdidos
y por la cirugía
y por las amputaciones…


El corcel brioso
de la risa saltando una barrera
de tarde en tarde,
las caricias cómplices con Tina Modotti,
los besos clandestinos con León Trotski,
los viajes al norte,
la vuelta al jardín de tu Casa Azul,
a su pirámide de estuco,
a sus ídolos hieráticos de factura milenaria,
al cielo de espejo de tu cama,
al óleo que ya era sangre de tus venas,
a los pinceles que ya eran falanges de tus dedos,
a las ajorcas de jade que arrullaban tus muñecas,
a los collares huicholes de turquesas y corales,
al arcoíris de raso que enjaezaba tus trenzas,

al huipil que sería tu mortaja
mientras Diego te lloraba, a ti, Frida,
que en vida fuiste su sombra,
y ahora, muerta, nos deslumbras. 

(Mayte Dalianegra)

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Imágenes de cuadros de Frida Kahlo ("Yo y mis pericos", 1941, "Autorretrato con monos", "Autorretrato con collar de espinas y colibrí", "La pequeña cervatilla", 1946), y de Mayte Dalianegra posando en el jardín de la Casa Azul en el año 2003 (casa natal de Frida Kahlo en Coyoacán, México D. F.)


jueves, 7 de mayo de 2015

OJOS (Nepal tras la tragedia)

Algunas estupas lucían
unos colosales ojos de Buda
pintados sobre la albura de sus bóvedas.

Ojos con forma de arcoíris
que sonreían manifiestamente a otros ojos,
ojos que inscribían en sus pupilas
la esperanza rutilante
que concebía una especie extraviada,
entre las quimeras
que colmaban de promesas los rincones.

Esos ojos
hoy enarbolan jirones de plegarias inaudibles
sobre los dinteles quebrados de las puertas.

Esos ojos,
ante el vientre roto de la tierra, vislumbran
un arpegio escrito en el pentagrama de las ruinas,
un acorde triste, como de estrellas que se desploman
desde el cable descolgado de un trapecio.

(Mayte Dalianegra)


Fotografías propias de la Estupa de Swayambhunath, en el Valle de Katmandú, tomadas en agosto de 2006

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miércoles, 29 de abril de 2015

LA GACELA

La gacela nunca piensa
que un día,
un día cualquiera,
un día sin asombros,
un día sin esquinas,
mientras pasta bajo la placidez diurna,
sentirá el cuchillo de unas fauces
germinando la envoltura de sus párpados.

Si a su mente acudiese tal pensamiento,
si la sola raíz de ese dilema asomase
sus esquirlas escarlata
bajo el manto dulce de la niebla,
seguro
sería la inanición el motivo de su deceso,
nunca la voracidad del león.

La gacela corre inquieta
ante el menor argumento de lance,
aunque el cristal veteado y prófugo
de sus ojos no llegue a imaginar
jamás el vértigo clamoroso
de la sangre.

Al igual que la gacela,
corremos arriba y abajo,
siguiendo un código tan críptico
como el de las constelaciones,
como el de las abejas.

Corremos arriba y abajo
desbrozando caminos,
desatando lazos,
proyectando haces de luz
que descubran la guarida de la sombra
y la obliguen a crujir
con un temblor huesudo.
Corremos arriba y abajo
desterrados de la seguridad del claustro,
indefensos ante la espada del miedo,
y suspiramos aliviados cuando cada noche
damos término al día,
y suspiramos aliviados engullendo lotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El león hambriento se lanza sobre el antílope" (1905), Henry Rousseau. Fundación Beyeler, Riehen, Basilea, Suiza

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viernes, 24 de abril de 2015

UN PASEO BORDEADO POR LOS TILOS

Los ojos ven un amplio paseo
bordeado por la fronda de unos tilos,
donde solo la punzante arista del alambre
tiene su casa.
Los pies lo surcan con la atávica
ceguera de los funámbulos,
y hay un abismo negro y sediento,
un abismo incorpóreo y recóndito
que se abre a los flancos
como una catacumba,
como una fosa común
que pacientemente aguarda
a todo cuanto respira,
y con cada paso,
y con cada pestañeo,
esa tumba abisal abre su boca
mostrando el filo cortante
de sus mandíbulas,
y hay que driblar sus envites
sin siquiera percibirlos.

Virajes vanos
con la no menos banal esperanza
de arañar algo de tiempo,
y conservarlo como mugre bajo las uñas,
pues su saliva
ya sabe del sabor de la presa,
y con sus quijadas
ya escarba la tierra, ya arregla el lecho.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Un parque de la ciudad" (1887) William Merrit Chase

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viernes, 10 de abril de 2015

HERMOSO AMOR

Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las adelfas floridas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el travertino de sus huecos,
las oscuras oquedades donde reptan
en espiral
las serpientes hambrientas del tedio.

Y ansío liberar
el tacto del mármol
de sus cerrojos de hielo,
ansío su victoria
sobre el sabor a roca inerte,
y que se mute en dulce y cálida madera seca,
y que el filo de una llama la consuma
laminada ya en volutas de viruta.

Y que renazca hecha dragón,
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

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domingo, 5 de abril de 2015

SI SIENTES QUE EL CORAZÓN TE APRIETA...

Si sientes que el corazón
te aprieta los poros,
despégate del suelo,
deja que levanten vuelo tus alas,
las de liviana pluma,
las de blanca pluma
de garza,
las que no permiten
que la boca de la tormenta
alcance los innúmeros paraísos.

Deja que una brisa azulada temple tu frente,
tu frente poderosa de basalto,
y cierra los ojos,
divisa el paisaje de tus párpados,
el riego reticular de los capilares
que fertilizan tus retinas
y las transforman
en exuberantes vergeles,
en jardines de mandrágoras.

Si todavía así
sientes que crepita la llama
del desamparo,
penetra en tus abismos,
los que conducen a tu núcleo de fulgores
sin sombras,
ese cuyas membranas
aún conservan huellas de manos infantiles,
aún conservan sonrisas inocentes.

No te detengas, prosigue
tu incursión y evita las marejadas,
la conspiración de las centellas,
 la palabra mercenaria que se adosa al oído,
los demonios coronados de pétalos,
los amuletos y los escapularios.

Evita todo eso y más que encuentres
allá donde tus pies hallen senderos.
Evita la maldición de la memoria
cuando te abra en llagas,
y evita la soledad de la muchedumbre.

Camina sobre la hierba dócil
y llega,
aunque tengas que hacer uso del atajo,
aunque tengas que emboscarte
entre las rosas.

Arriba a la costa que lleva por nombre
tu mismo nombre,
y cuando lo hagas, fondea.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La partida de los argonautas de Yolcos" (1487), atribuido a Pietro del Donzello

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miércoles, 1 de abril de 2015

KERKOUANE (TANIT)

La brisa salina
perfumaba las alas de una tarde
de velaje azul, como un zafiro,
con la pleamar rizando el oleaje.

Tanit parecía
trazada por una mano pueril,
esbozada con blanquísimas
teselas de caracola
engastadas en el pavimento
de un atrio milenario.
Su cuerpo triangular,
sin duda,
soportó el tránsito de muchas vidas
que después
formaron parte de las nubes.

No puedo
estimar cuánto hace de aquello,
pues la mente es una alondra
revoloteando alocada
al imaginar la densidad de los siglos.

Solo sé que ante mí
el mar brillaba como un cielo líquido,
y el misterio de Kerkouane,
púrpura como sus múrices,
era un corazón latiendo
con el diapasón de las olas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dido construye Cartago" (1815), Joseph Mallord William Turner, National Gallery, Londres

Nota: Kerkouane, situado al noreste de Túnez, es un yacimiento arqueológico púnico, Patrimonio de la Humanidad, que se ha preservado sin modificaciones de épocas posteriores, y que conserva los enigmáticos baños que poseía cada vivienda, teñidos con la tintura púrpura obtenida del múrice, un molusco cuya extracción constituía la principal industria de la ciudad.


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jueves, 26 de marzo de 2015

VERMEER

Parecía una escena pintada por Vermeer:
desde la ventana, una luz perlada
cruzaba la estancia en diagonal,
y todo cuanto en ella había
gozaba de su fluorescencia.
La mesa, las sillas, los jarrones chinos,
las alfombras persas,
todo brillaba con el esplendor
de un colorido nuevo.

Las pupilas se acostumbraban
al sosiego diurno,
y el corazón latía más despacio,
con una mesura
para la que no había sido domesticado.

Ya había olvidado morir
en tus labios con la cadera ceñida
de soles, y fragmentarme
cada noche
como una estrella de vidrio.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Joven con jarra de servir agua” (1665), Jan Vermeer. Metropolitan Museum of Art, New York

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domingo, 15 de marzo de 2015

AGOSTO EN EL CAIRO

Era agosto en El Cairo,
mes de noches tan cálidas
que impiden dormir
en las alcobas;
y allí estábamos,
compartiendo la noche
y el humo voluptuoso de una shisha
en El Fishawy,
el café que nunca cierra.

Naguib Mahfuz ya no se reflejaba
en la plata vetusta y turbia de sus espejos,
si bien algo suyo vibraba aún en el aire
como un testimonio del fuego.
Una presencia reveladora,
quizás del trazo de su letra,
quizás de sus huellas
—impresas accidentalmente
sobre alguna de las bandejas de latón
que hacían las veces de veladores—;
o tal vez una de sus palabras
podría haberse quedado apresada
en el sofocante calor nocturno
—seguro que buscando el rayano
callejón de Midaq
y sus ansiados milagros emergiendo del limo—,
y volvía a nosotros
como diariamente volvía el dios Ra
—desde la oscuridad—
a iluminar la vida.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Vista de El Cairo”, Jean León Gérôme (1824-1904)

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jueves, 12 de marzo de 2015

KA-APER (CHEIK-EL-BELED)

Los escribas
llevaban consigo
paletas con tinteros
y cajas de cálamos,
pero tú,
noble Ka-aper
—que antes de que tu carne
fuese de sicomoro,
leías los papiros sagrados
que ellos escribían—,
solo necesitaste
tus penetrantes pupilas
para inscribirte en la historia.

(Mayte Dalianegra)

Imagen: fotografía de la escultura egipcia del sacerdote lector "Ka-aper" (llamado "Cheik-El-Beled" en lengua árabe, cuyo significado es "El alcalde del pueblo"), hallada en la necrópolis de Saqqara en 1860 y perteneciente a la V Dinastía del Imperio Antiguo de Egipto

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martes, 24 de febrero de 2015

FE

La fe canta con voz
de poeta,
como Homero lo hiciera.

Con canto de sirena
narra bellas leyendas,
esplendiendo la magia
de su estela de humo.

Canta con voz de trueno
y con voz de jilguero.

Canta para que atentos la escuchemos,
y sigamos sus pasos sin salirnos
del borde de sus huellas.

Canta para que hilemos su vellón
con nuestra propia rueca
y, como si el durmiente Homero fuésemos,
la miremos con ojos también ciegos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Fe, Esperanza y Caridad”, Carmen Giraldez

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miércoles, 18 de febrero de 2015

CUÁNDO

Cuándo la imagen
dejó la modestia del semillero
para germinar en la rueda,
para cobrar el movimiento de lo vivo.

Cuándo nació,
en qué momento
llegó su luz irisada,
preñada de índigos y magentas,
rubia de trigos.
Luz que se hizo día
en la ventana del labio,
noche cuando la boca
selló su puerta.

Cuándo vino a nosotros
—pobres seres de barro—,
cuándo nos hizo.

Cuándo llegó la palabra
para hermanarnos con lo divino.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Adán y Eva" (1932), Rosario de Velasco

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domingo, 15 de febrero de 2015

EL GRAN HUNAPÚ (Volcán de Agua, Guatemala)

“…¿Quién se explica los volcanes sin brazos?
¡Raza de tempestad envuelta en plumas
de Quetzal, rojas, verdes, amarillas!
¡Quetzalumán, la serpiente coral
tiñe de miel de guerra el Sequijel
el desangrarse el Árbol del Augurio,
en el augurio de la sangre en lluvia,
a la altura de los cerros quetzales
y frente al Gavilán de Extremadura!...”

(“Tecún-Umán”, Miguel Ángel Asturias)


No fue la espada vengadora
de un arcángel extranjero
la que lavó el pecado
con fuego.

El volcán
era la copa de una ceiba
frondosa
que hendía el Xibalbá
 con sus raíces.

El volcán
liberó el vuelo
de los quetzales
de plumas tan brillantes como el metal
de los morriones
que escudaban las testas
de los gavilanes,
de plumas tan verdes como el jade
de los pectorales
que engalanaban los torsos
de los caudillos mayas.

El volcán
fue la copa de lágrimas
que lavó el pecado
de la ciudad enlutada,
con las manos de maíz
de los Señores Cuchumaquic y Xiquiripat.

El volcán,
retorciendo su garganta,
vengó con su mar de barro
la sangre antigua.

Los colibríes,
uncidos al yugo
como ganado —domesticados—,
con sus bocas
desnudas, propiciaron la sajadura
de sus propias arterias.

El volcán
enmudeció pues como enmudecen
los muertos,
con una última lágrima
anidada en el frío.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El cáliz del Titán" (1833), Thomas Cole. Metropolitan Museum, New York
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sábado, 7 de febrero de 2015

CELEBRACIONES

No celebro mi cumpleaños
porque todos los días cumplo un año más
—y no es cuestión de soplar velitas a diario—,
ni celebro el día de la mujer trabajadora
porque todos los días —incluso los festivos—
he de trabajar, aunque sea oficiando
de Cenicienta en mi “hogar dulce hogar”.

Tampoco celebro
el día del hambre en el mundo,
pues quien no come ese día,
suele sentir el mismo hueco en el estómago
el resto del tiempo.

Las celebraciones
son como las mancuernas
que vigorizan los bíceps:
ejercitan nuestra memoria
para que demostremos el noble civismo
adquirido durante
esa edad en la que el aire huele a arco iris
y a caramelos de menta,
y depositemos algo de calderilla
en la hucha del postulante que nos aborde
en cualquier acera;
ejercitan nuestra memoria
para que recalemos
en unos grandes almacenes
en busca de un regalo
primorosamente empaquetado,
o para que elaboremos un pastel al uso.

Y mejor
que no nos rebelemos contra la gravedad,
que no intentemos exhibir
el plumaje de águila
en majestuoso planeo,
y las tengamos en cuenta, porque si no,
serán la balanza con que se pesen
nuestros apegos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Julaftonen” (1904), Carl Larsson, Nationalmuseum, Stockholm

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