domingo, 30 de agosto de 2015

BIENVENIDA, DALIA

Bienvenida, 
Perséfone vegetal que resurges 
bajo la urdimbre dorada,
cuando la primavera 
tarda y llega en la canícula.

De entre hojas y tallos ajenos
emerge el recordatorio estacional
de los tuyos,
y cuando riego el jardín
veo tu mata
semejando grutescos caprichosos
de acanto corintio,
pero no, tus ancestros 
no fueron de este mundo,
sino de otra cuna allende los mares,
sagrada “acocoxóchitl” de los mexicas.

Bienvenida, 
dalia de pétalos afilados como lanzas 
ensangrentadas de verano,
llevas en tu corola estrellada
la sonrisa rubicunda de un aleluya,
la misma alegría 
que enmaraña las melenas leoninas
de los cometas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dalias" (1940-47) Hermenegild Anglada i Camarasa

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La "musa" inspiradora de este poema, en mi jardín

sábado, 15 de agosto de 2015

EUROPA

En una de las márgenes del Bósforo  
germinó la semilla de su nombre; 
se sembró al escupirla alguna boca 
desde la orilla opuesta, mientras el discurrir 
serpentino del agua la humectaba.

¿Qué se sabía entonces de occidente 
y oriente? Los humanos trasegaban sus rumbos 
persiguiendo la luz de las estrellas.

Nadie profetizaba su destino, 
no la consideraban más que un trozo de tierra, 
una insignificante región que las sibilas 
despreciaban altivas, sumidas en las sombras 
oscuras que provee la ignorancia. 

Todo nace minúsculo, creciendo 
con el soplo del tiempo, y así llegó a titán 
el embrión de esa tierra y de ese nombre. 

Sabemos que nació, sabemos que está aquí, 
y debemos saber que todo cuanto existe 
—incluso el fuego ardiente de las constelaciones— 
permutará colores y figuras
como pasan del blanco al gris las nubes, 
como cambia el vapor de forma al incidir 
el viento con su fuero.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El rapto de Europa", Alexander Nedzvetskaya  

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sábado, 8 de agosto de 2015

LETRAS BLANCAS SOBRE FONDO NEGRO

Las emes 
de Martin y de Malcom
quisieron ser gomas de borrar
y atacaron a otra eme, la de miedo,
que se había escrito
tras la ese de secuestro,
melliza inseparable
de la de siglos.

La eme de Martin optó por desangrarse
antes que derramar eses de sangre ajena,
mientras que la eme de Malcom
derramó eses de sangre ajena y propia,
en un fuego cruzado de emes de muertes.

La be de barco había partido 
varias centurias atrás,
y había hecho buenas migas 
con la o de océano 
y la te de travesía.
La be de barco brindaba con ron antillano
después de la hora del té,
sus ojos de buey 
habían visto pasar, entre las olas,
la ruda e de los españoles
y la tosca pe de los portugueses,
por eso se embelesaban
ante el conspicuo lustre de la i inglesa.

A la be de barco le importaba poco
la ce de confort para con otra ce, 
la de cargamento.
Alineados como bultos, 
piernas, brazos y cabezas, sólo eran eso. 

La a de aire fresco,
aun cuando era un potro indómito
en la cubierta, 
en las bodegas era un tesoro 
pirata enterrado sin mapa,
no llegando 
a los pulmones de los encadenados, 
que recibían en su lugar el fétido soplo
de la e de enfermedad.

Nada mejor que soltar la ele de lastre
para acelerar la velocidad, ¡los tiburones 
están hambrientos!

Y pasamos otra vez por la pe,
ahora de puerto, y por la eme,
esta vez de mercado, 
retornando, indefectiblemente, a la pe de puja.

¡Qué buena compra han hecho algunos!
Uno con hache, de hercúleo,
con la carne de bronce pulido
estallándole la piel,
y otra, de nuevo con la be,
en esta ocasión de belleza,
para satisfacer los instintos 
más bajos de la clase más alta,
y si defrauda: ele de látigo
y a recoger a de algodón.

Si no pueden soportarlo
no se les ocurra la efe de fuga,
pues hay ces de cepos, pes de perros 
y haches de horcas;
no se les ocurra esa efe,
pues no existe la i de adónde ir,
ni la jota de justicia.

Tampoco esperen que la te de tiempo
les ayude gran cosa, 
porque esa te es perpetua aliada 
de la pe de poder.

Les costará hacer oír sus voces,
les costará que les dejen 
siquiera acercarse a una urna,
y cuando por fin lo hayan logrado,
llenarán sus vidas 
con la uve de vacuidad,
y atestarán los míseros barrios 
que habitan con otras uves, 
las de vicios proscritos que les conducirán 
hacia las ces de las cárceles.

Esto está escrito 
con letras blancas sobre fondo negro,
con letras en negativo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Andrea con pañuelo azul", Scott Burdick

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domingo, 19 de julio de 2015

ENTONCES (soneto en alejandrinos)

Entonces no importaba que hubiera sol ni luna,  
ni noche, ni mañana, ni rosas en jarrones, 
ni enredaderas verdes colgando en los balcones,
ni risas en la calle, ni niño en una cuna. 

Entonces no veía la arena de la duna, 
ni el tiempo que se escurre por entre los rincones, 
ni las dificultades que escalan farallones, 
ni la falta de números para lograr fortuna. 

Entonces contenía mi aliento solo al verte, 
respiraba los aires de tus ojos de cielo,
levitaba entre nubes bendiciendo mi suerte. 

Entonces pasó aquello que me derribó al suelo, 
llegaron las borrascas soplando un viento fuerte. 
Entonces era entonces, y ahora queda el duelo. 

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El amor y la doncella" (1887), John Roddam Spencer Stanhope 

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sábado, 27 de junio de 2015

MUNDO ANTIGUO

Ánfora, hidria,
olpe, crátera,
enócoe, kílix…

cuando el tiempo pesa más que el polvo
de los huesos,
los objetos son la voz de la memoria.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Adriano visitando una alfarería británico romana" (1884), Lawrence Alma-Tadema

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miércoles, 3 de junio de 2015

LA CIUDAD

La ciudad era un diamante
cuyas facetas centelleaban
con el tránsito de la luz,
hasta herir los ojos
como si fuese una bujía incandescente.

Se componía de un sinfín
de panales formados por celdillas cristalinas,
y cuando las alas calurosas de la tarde
se cernían sobre ellas,
respiraban azogue
y reverberaban el plasma solar,
convirtiéndolo en purísimo oro.

La ciudad era una diáfana transparencia
emergiendo
de entre los cimientos plomizos
de su ancestro de argamasa,
era un bosque etéreo y translúcido
donde crecían los obeliscos
de acero y vidrio
que aguijoneaban el cielo.

Era un grandioso espejo de sí misma
donde nadie se reflejaba.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Mujer de azul con una guitarra" (1929), Tamara de Lempicka

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domingo, 31 de mayo de 2015

TABLA DE MULTIPLICAR

Dicen que el hombre
era espejo de su Creador
y que fue un ser único como Él,
y que viéndose incapaz
de dominar el mundo
desde su orilla solitaria,
precisó de algo tan trivial
—en apariencia—
como la multiplicación.

Y al igual que su Hacedor se había
multiplicado, él, siendo su sucedáneo,
habría de encontrar la fórmula
para multiplicarse también,
antes de que pudiese
aparecer un tal Darwin
y hallase razones
para contrariarle.

Milagrosamente
llegó alguien a quien llamaron Eva,
surgiendo de una costilla
del que después
sería el padre de sus hijos.

Y he aquí
que lo que podría haber llegado a término
como una comedia romántica
protagonizada por Hugh Grant,
dejó alguna que otra queja
por discriminaciones varias,
por maltratos físicos y psíquicos
y, sobre todo,

por hacer un uso indebido
de las matemáticas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La creación del hombre", escena central de la bóveda de la Capilla Sixtina (1508 - 1512), Miguel Ángel Buonarroti. Ciudad del Vaticano
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jueves, 28 de mayo de 2015

PALABRAS


 A Pepe García Resille
 y Reme Gras (Siloe Sombra)

No todas las palabras
suenan del mismo modo,
algunas, como playa, ola, verano,
arena, palmeral, vergel, oasis,
son refrescante jugo de papaya
y tienen la dulzura de los dátiles.

Las hay con suavidad de terciopelo,
de ojos tiernos de niño descubriendo
entre las bagatelas maravillas.

Otras son redentoras como rosas,
clavando las espinas de sus tallos,
para besar después la carne herida
con sus labios de pétalos fragantes.

Sin embargo, no todas las palabras
mantienen su brillante pulimento,
algunas se enmohecen con el tiempo
y padecen herrumbres permanentes;

si bien hay excepciones que florecen
y son lirios bebiendo la belleza
debajo de las costras oxidadas.

Ilusión y esperanza
son dos de esas palabras.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “La caja de Pandora”, John William Waterhouse

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domingo, 17 de mayo de 2015

TÚ Y TUS PERICOS

Tú y tus pericos multicolores,
tus monos negros,
tus gatos igualmente negros,
la cervatilla asaeteada,
como un San Sebastián silvestre
entonando una elegía por sí misma
(por ti misma),
por el inmenso dolor que te laceraba
por dentro,
por fuera.

Tú y tus pericos tornasolados,
el yugo de tus cejas unciéndote los ojos,
tu bigotito ambiguo, andrógino,
tu pierna flaca de poliomielitis,
los largos vestidos
de tehuana y los pantalones para disimularla,
los corsés de escayola
—como aquel pintado con la hoz
y el martillo—,
a veces el otro con cinchas de acero,
las cicatrices,
el matrimonio
que te pintaba lágrimas
por otras que él amaba,
las lágrimas por otras y otros
que también amaste tú, 
y por los hijos perdidos
y por la cirugía
y por las amputaciones…

El corcel brioso
de la risa saltando una barrera
de tarde en tarde,
las caricias cómplices con Tina Modotti,
los besos clandestinos con León Trotski,
los viajes al norte,
la vuelta al jardín de tu Casa Azul,
a su pirámide de estuco,
a sus ídolos hieráticos de factura milenaria,
al cielo de espejo de tu cama,
al óleo que ya era sangre de tus venas,
a los pinceles que ya eran falanges de tus dedos,
a las ajorcas de jade que arrullaban tus muñecas,
a los collares huicholes de turquesas y corales,
al arcoíris de raso que enjaezaba tus trenzas,

al huipil que sería tu mortaja
mientras Diego te lloraba, a ti, Frida,
que en vida fuiste su sombra,
y ahora, muerta, nos deslumbras. 

(Mayte Dalianegra)

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Imágenes de cuadros de Frida Kahlo ("Yo y mis pericos", 1941, "Autorretrato con monos", "Autorretrato con collar de espinas y colibrí", "La pequeña cervatilla", 1946), y de Mayte Dalianegra posando en el jardín de la Casa Azul en el año 2003 (casa natal de Frida Kahlo en Coyoacán, México D. F.)


jueves, 7 de mayo de 2015

OJOS (Nepal tras la tragedia)

Algunas estupas lucían
unos colosales ojos de Buda
pintados sobre la albura de sus bóvedas.

Ojos con forma de arcoíris
que sonreían manifiestamente a otros ojos,
ojos que inscribían en sus pupilas
la esperanza rutilante
que concebía una especie extraviada,
entre las quimeras
que colmaban de promesas los rincones.

Esos ojos
hoy enarbolan jirones de plegarias inaudibles
sobre los dinteles quebrados de las puertas.

Esos ojos,
ante el vientre roto de la tierra, vislumbran
un arpegio escrito en el pentagrama de las ruinas,
un acorde triste, como de estrellas que se desploman
desde el cable descolgado de un trapecio.

(Mayte Dalianegra)


Fotografías propias de la Estupa de Swayambhunath, en el Valle de Katmandú, tomadas en agosto de 2006

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miércoles, 29 de abril de 2015

LA GACELA

La gacela nunca piensa
que un día,
un día cualquiera,
un día sin asombros,
un día sin esquinas,
mientras pasta bajo la placidez diurna,
sentirá el cuchillo de unas fauces
germinando la envoltura de sus párpados.

Si a su mente acudiese tal pensamiento,
si la sola raíz de ese dilema asomase
sus esquirlas escarlata
bajo el manto dulce de la niebla,
seguro
sería la inanición el motivo de su deceso,
nunca la voracidad del león.

La gacela corre inquieta
ante el menor argumento de lance,
aunque el cristal veteado y prófugo
de sus ojos no llegue a imaginar
jamás el vértigo clamoroso
de la sangre.

Al igual que la gacela,
corremos arriba y abajo,
siguiendo un código tan críptico
como el de las constelaciones,
como el de las abejas.

Corremos arriba y abajo
desbrozando caminos,
desatando lazos,
proyectando haces de luz
que descubran la guarida de la sombra
y la obliguen a crujir
con un temblor huesudo.
Corremos arriba y abajo
desterrados de la seguridad del claustro,
indefensos ante la espada del miedo,
y suspiramos aliviados cuando cada noche
damos término al día,
y suspiramos aliviados engullendo lotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El león hambriento se lanza sobre el antílope" (1905), Henry Rousseau. Fundación Beyeler, Riehen, Basilea, Suiza

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viernes, 24 de abril de 2015

UN PASEO BORDEADO POR LOS TILOS

Los ojos ven un amplio paseo
bordeado por la fronda de unos tilos,
donde solo la punzante arista del alambre
tiene su casa.
Los pies lo surcan con la atávica
ceguera de los funámbulos,
y hay un abismo negro y sediento,
un abismo incorpóreo y recóndito
que se abre a los flancos
como una catacumba,
como una fosa común
que pacientemente aguarda
a todo cuanto respira,
y con cada paso,
y con cada pestañeo,
esa tumba abisal abre su boca
mostrando el filo cortante
de sus mandíbulas,
y hay que driblar sus envites
sin siquiera percibirlos.

Virajes vanos
con la no menos banal esperanza
de arañar algo de tiempo,
y conservarlo como mugre bajo las uñas,
pues su saliva
ya sabe del sabor de la presa,
y con sus quijadas
ya escarba la tierra, ya arregla el lecho.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Un parque de la ciudad" (1887) William Merrit Chase

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viernes, 10 de abril de 2015

HERMOSO AMOR

Hermoso amor
que un día depositaste tus besos
sobre las adelfas floridas
de mis jardines:
soy Babilonia,
toda puertas, toda palabras,
toda secretos.

Soy Babilonia
y ansío liberar
el travertino de sus huecos,
las oscuras oquedades donde reptan
en espiral
las serpientes hambrientas del tedio.

Y ansío liberar
el tacto del mármol
de sus cerrojos de hielo,
ansío su victoria
sobre el sabor a roca inerte,
y que se mute en dulce y cálida madera seca,
y que el filo de una llama la consuma
laminada ya en volutas de viruta.

Y que renazca hecha dragón,
y que regrese a mí como a su Ítaca.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dos muchachas con adelfas" (1890), Gustav Klimt, Wadsworth Atheneum, Hartford, Connecticut, Estados Unidos

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domingo, 5 de abril de 2015

SI SIENTES QUE EL CORAZÓN TE APRIETA...

Si sientes que el corazón
te aprieta los poros,
despégate del suelo,
deja que levanten vuelo tus alas,
las de liviana pluma,
las de blanca pluma
de garza,
las que no permiten
que la boca de la tormenta
alcance los innúmeros paraísos.

Deja que una brisa azulada temple tu frente,
tu frente poderosa de basalto,
y cierra los ojos,
divisa el paisaje de tus párpados,
el riego reticular de los capilares
que fertilizan tus retinas
y las transforman
en exuberantes vergeles,
en jardines de mandrágoras.

Si todavía así
sientes que crepita la llama
del desamparo,
penetra en tus abismos,
los que conducen a tu núcleo de fulgores
sin sombras,
ese cuyas membranas
aún conservan huellas de manos infantiles,
aún conservan sonrisas inocentes.

No te detengas, prosigue
tu incursión y evita las marejadas,
la conspiración de las centellas,
 la palabra mercenaria que se adosa al oído,
los demonios coronados de pétalos,
los amuletos y los escapularios.

Evita todo eso y más que encuentres
allá donde tus pies hallen senderos.
Evita la maldición de la memoria
cuando te abra en llagas,
y evita la soledad de la muchedumbre.

Camina sobre la hierba dócil
y llega,
aunque tengas que hacer uso del atajo,
aunque tengas que emboscarte
entre las rosas.

Arriba a la costa que lleva por nombre
tu mismo nombre,
y cuando lo hagas, fondea.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La partida de los argonautas de Yolcos" (1487), atribuido a Pietro del Donzello

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miércoles, 1 de abril de 2015

KERKOUANE (TANIT)

La brisa salina
perfumaba las alas de una tarde
de velaje azul, como un zafiro,
con la pleamar rizando el oleaje.

Tanit parecía
trazada por una mano pueril,
esbozada con blanquísimas
teselas de caracola
engastadas en el pavimento
de un atrio milenario.
Su cuerpo triangular,
sin duda,
soportó el tránsito de muchas vidas
que después
formaron parte de las nubes.

No puedo
estimar cuánto hace de aquello,
pues la mente es una alondra
revoloteando alocada
al imaginar la densidad de los siglos.

Solo sé que ante mí
el mar brillaba como un cielo líquido,
y el misterio de Kerkouane,
púrpura como sus múrices,
era un corazón latiendo
con el diapasón de las olas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Dido construye Cartago" (1815), Joseph Mallord William Turner, National Gallery, Londres

Nota: Kerkouane, situado al noreste de Túnez, es un yacimiento arqueológico púnico, Patrimonio de la Humanidad, que se ha preservado sin modificaciones de épocas posteriores, y que conserva los enigmáticos baños que poseía cada vivienda, teñidos con la tintura púrpura obtenida del múrice, un molusco cuya extracción constituía la principal industria de la ciudad.


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