A eso de la medianoche,
entre las doce y la una,
no extravío zapatitos de cristal,
ni afilo caninos
ansiosos de yugulares frescas.
Tampoco tocan a rebato las campanas,
pues el fuego que mi interior calcina,
a sofocarlo acude un viento alisio,
un vendaval que me sopla ráfagas
de susurros en los oídos
y me cautiva con vocálico eco
prendido en un abismo de silencio.
En esa hora precaria de luces
mi ceguera no lamento,
pues alumbra con calidez de candela
la voz profunda y grave que tu garganta tañe.
En esa hora despiertan boreales auroras
en mis pupilas constreñidas de oscuridades,
y se tornasola el negro
de azules, de verdes, de carmesíes,
de oros y de platas.
A eso de la medianoche,
rezuma humedad la carnal dovela
que corona el arco de mis piernas,
y cimbrea mi cintura como junco
oscilante al compás del trepidar pélvico.
Escalo, con la huella de mis dígitos,
la inefable cumbre de un monte esponjoso
donde reverbera la resonancia de tu efigie,
y soy entonces presa de un placer
que me sojuzga,
que me corroe el alma como el pensamiento.
Abandono el lupino contoneo de mis muslos,
y mi mirada de acechante fiera se extravía.
Ya no soy la pantera
que recostada en la frondosa rama
se relame anhelante de un bocado
de palpitante víscera,
ahora soy gacela frágil,
¡y prestos llegan tus dardos a asaetearme!
Mayte Dalianegra.
Pintura: “Voluptas”, Franz von Lenbach (1836 – 1904).
entre las doce y la una,
no extravío zapatitos de cristal,
ni afilo caninos
ansiosos de yugulares frescas.
Tampoco tocan a rebato las campanas,
pues el fuego que mi interior calcina,
a sofocarlo acude un viento alisio,
un vendaval que me sopla ráfagas
de susurros en los oídos
y me cautiva con vocálico eco
prendido en un abismo de silencio.
En esa hora precaria de luces
mi ceguera no lamento,
pues alumbra con calidez de candela
la voz profunda y grave que tu garganta tañe.
En esa hora despiertan boreales auroras
en mis pupilas constreñidas de oscuridades,
y se tornasola el negro
de azules, de verdes, de carmesíes,
de oros y de platas.
A eso de la medianoche,
rezuma humedad la carnal dovela
que corona el arco de mis piernas,
y cimbrea mi cintura como junco
oscilante al compás del trepidar pélvico.
Escalo, con la huella de mis dígitos,
la inefable cumbre de un monte esponjoso
donde reverbera la resonancia de tu efigie,
y soy entonces presa de un placer
que me sojuzga,
que me corroe el alma como el pensamiento.
Abandono el lupino contoneo de mis muslos,
y mi mirada de acechante fiera se extravía.
Ya no soy la pantera
que recostada en la frondosa rama
se relame anhelante de un bocado
de palpitante víscera,
ahora soy gacela frágil,
¡y prestos llegan tus dardos a asaetearme!
Mayte Dalianegra.
Pintura: “Voluptas”, Franz von Lenbach (1836 – 1904).





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