viernes, 22 de julio de 2016

EL RÍO (soneto asonante)


Nadamos en un río de aguas claras 
y en su fértil espuma y en sus ribas, 
bañaba el corazón sus alegrías, 
nadaban como peces nuestras almas. 

Navegaron las manos enlazadas, 
flotando iba la risa a la deriva, 
la voz de la confianza era la ondina 
que a los dos internaba en esas aguas. 

Pero a veces se cruzan las corrientes 
que manan de un subsuelo cenagoso, 
y el agua de cristal se vuelve negra. 

No pudimos nadar entre los lodos 
y, arrastrados, quedamos a la suerte 
de ver nuestra amistad yaciendo muerta.

(Mayte Llera "Dalianegra")

Pintura: "Ofelia" (1852), John Everett Millais. Tate Britain, Londres

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lunes, 4 de julio de 2016

NADA (CÉSAR BORGIA)


Príncipe,
tu espada 
—templada en la línea del horizonte
donde el cielo y el infierno
se acoplan lujuriosos—
es un rayo homicida 
que grita su vértigo,
el eje de una tempestad
que arrasa vergeles,
una fértil materia
que gesta el dolor.
Su metal sediento
te mantiene a horcajadas,
Gran Confaloniero, Duque Valentino.

Los idus de marzo
galopan veloces
hasta La Barranca Salada. Aventajan tres días. 
Tu máscara de cuero cae,
entonces, un destello en el acero muestra: 
“O César o nada”.

(Mayte Llera, "Dalianegra")

Pintura: "Retrato de César Borgia" (s. XVI), Altobello Melone. Academia Carrara, Bérgamo, Italia

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viernes, 17 de junio de 2016

PÁJAROS


Hay pájaros 
verdes
como la bruma 
de las montañas de Guatemala,
aves de plumas tan largas y sedosas
que sólo pueden alzar el vuelo
en esos paraísos de selvas brillantes 
como esmeraldas.

Hay pájaros 
que levantan sus voces
y alcanzan los cielos,
que cortan el aire
con los afilados cuchillos
de sus gargantas, y pájaros 
que sólo pían
y saltan graciosos entre las ramas.

Pájaros hay 
de todo tipo:
amarillos, pardos, azules,
con pecheras rojas 
o de crestas coronados.

Pájaros hay 
también de guerra,
que llevan la fiereza en el tajo de la pupila
y tambores bajo las alas.

Y los hay 
que sobrevuelan el nido ajeno
deslizando 
sus siniestros planeos entre las sombras,
deslizando 
el silencio entre sus picos.

Son aves de rapiña 
aguzando instintos, con el botín 
en el punto de mira.

Urracas y azores cenicientos
afanados en el hurto del reluciente 
metal de la palabra.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Pareja de quetzales en Tikal", Carlos Alberto González da Silva

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miércoles, 15 de junio de 2016

HAIKU (La primavera)


La primavera,
a finales de junio,
pasa el relevo.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Igor Semenikhin

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jueves, 26 de mayo de 2016

AÑOS 30


Vamps estilizadas 
—terrones de azúcar 
caramelizados bajo los focos 
de los musicales de la RKO—
cimbrean dibujando 
caleidoscópicas geometrías,
ostentando el fasto de la seda, 
las lentejuelas y el lamé,
mientras el vértigo de un picado
captura la apoteosis del instante.

Galanes de nuca rasurada y mechones 
blindados con brillantina
—que combaten su insurgencia sobre la almohada 
con redecilla— profetizan un futuro 
halagüeño en las bolas de cristal de las burbujas.
El champán y el jazz son las ruedas 
del carro de la noche,
y, como trenes de vapor,
boquillas interminables expelen 
hilachas de humo azul
que asciende y se trenza.

A la sombra del oropel 
de esa luz de tulipa art déco,
un río de desempleados se arremansa 
ante la promesa 
de un plato caliente,
y los vagones de los mercancías transportan 
polizones a la deriva.

En París,
Henry Miller almuerza con frugalidad
merced a la compasión de sus amigos.
En España,
Caín levanta una quijada de asno, 
y, tras una noche de noviembre,
Alemania
amanece con la fría escarcha de los cristales rotos.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La chica dorada" (1933), Rolf Armstrong

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miércoles, 11 de mayo de 2016

URGENCIA


Me palpita la urgencia
por esos besos de bienvenida que serán afluentes
de otros tan largos como el Nilo,
y por las caricias que establecerán
mi cuerpo como el eje de sus simetrías;
pero no creas que ignoro que tus labios y tus manos
son las consignas de mi última
revolución, las postreras balas
que me quedan en el tambor.

Y así, acecho el crujido
que me anuncia tu presencia
para precipitarme y ser caudal de agua
discurriendo hacia la cascada de tu abrazo.

Y así, bajo el dintel del tiempo compartido,
con los recuerdos
de nuestra adolescencia desbocados,
me niego a renunciar a este sueño
aunque parezca un canto de sirenas;

porque aquí y ahora te reitero
que la palabra rendición
todavía no forma parte de mi vocabulario.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Der Kuss" ("El beso", detalle) 1908, Gustav Klimt. Österreichische Galerie Belvedere, Viena

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sábado, 16 de abril de 2016

AMPARO


El peso de tu abrazo
me vuelve invertebrada
bajo la vela que arría el crepúsculo,
cuando los sueños
se arremolinan
y vierten su hélice rugiente
entre mis párpados.

Te aprietas contra mi espalda,
y tu pecho es el postigo
que cierra mi pasado,
el aparcero que abona mi tierra
con los despojos de Orfeo
y recolecta la miel que el ruiseñor
lleva en el pico.

Ya en la mañana hueles a aire blanco,
y en tu mirada
la clorofila halla su síntesis.

Tú me salvas
de la luz que es señuelo de celada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura de Alberto Pancorbo

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domingo, 10 de abril de 2016

EL AMOR QUE SIENTO POR TI


El amor que siento por ti
nació del áleph
cuya ínfima cifra
progresó en caracolas de fuego.
Fue un cigoto invisible
germinando en una vaina de crisálida
y, luego, una madeja de alas batiéndose
con suavidad de terciopelo.

Ofuscado, se enquistó en mi pecho,
y ahí se enconó su llama, afiebrándome.
Se enredó también en mis brazos y en mis piernas,
y su viento ululaba con el vértigo de la alondra,
y se mecía en mis venas como un pez sedoso
de agallas abiertas.

Pero ahora tiembla en mis mejillas
el pozo sobre el que se balancea y chapotea
una luna descolgada, y me turban las nubes
con bordes de acero.

No quiero que ningún arcángel
me expulse de tu carne sagrada.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "El beso" (1859), Francesco Hayez, Pinacoteca di Brera, Milán

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jueves, 7 de abril de 2016

TODAVÍA FLOREZCO


Pese a todo,
pese a tanto,
todavía florezco
en primavera,
cuando los ranúnculos, 
con su piel charolada, 
motean los prados como copos de sol;
los mismos prados que en otro tiempo 
acogieron nuestros cuerpos ansiosos
y fueron madres tibias e indulgentes,
y fueron esponjosos lechos.

Todavía reconozco las mismas estrellas
que engarzaban sus auras irisadas
en el agua de nuestros ojos,
fundiendo en ellos la reluciente esfera de la noche 
y propiciando el sabor lento de los besos.

Pienso entonces en cómo serían ahora mis días
de no haber tenido conmigo
la firmeza de tus manos,
la determinación de su pulso,
que me sostuvo, con su cable de acero,
para impedir
que una última hebra de humo 
perdiera el cabo que me ataba a la hoguera.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Una visión de Fiammetta (la musa de Boccaccio)" (1878), Dante Gabriel Rossetti. Colección de Andrew Lloyd Webber

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domingo, 27 de marzo de 2016

JANE GREY


Suya es la mano
que empuña el hacha,
que amuela su filo
con un esmeril hambriento,
para balancearla después
y sopesar su gravedad
y su parábola,
el arco triunfal bajo el que desfilarán
potros empenachados con lutos.

Suya es la mano embozada
en el sigilo lacio de los sicarios,
consagrada a estimar los ejes precisos,
la oportuna alineación
entre el acero y tu cuello,

y va a talar en él un brote tierno,
una yema temprana,

pero no es el verdugo.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La ejecución de Lady Jane Grey" (1834), Paul Delaroche. National Gallery, Londres

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jueves, 24 de marzo de 2016

TORMENTA


Algunos días
el cielo sufre un viraje repentino,
y el brocado que forman las nubes
sobre el satén cerúleo
se enturbia de grises.
La voz blanda de la brisa
no hace presagiar el aguacero,
hasta que se desboca como un garañón
y muda en vendaval.

Cuando eso suceda, mi amor,
y la tormenta nos alcance
con su guirnalda de látigos,
emprendamos carrera en pos de cobijo,
busquemos la guarida
que haya resistido los embates del barro,
la que conserve en su lecho
rescoldos y humo.

Y si el cielo horada
nuestro asilo con flechas de vidrio,
y un mar embravecido nos espera,
que un golpe de timón nos salve del naufragio,
y que tus ojos enarbolen alas de paloma.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La despedida" (1892), Alfred Guillou

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sábado, 19 de marzo de 2016

SOMOS TÚ Y YO


Ungiste mis párpados
con la untura oleosa que el sol emplea
para acariciar la sombra
cuando, como un pájaro de oro, 
eleva su vuelo 
sobre el dosel de la madrugada.
Obraste así tras el declive
de una noche desguarnecida
de estrellas y de luna,
de faroles y de bombillas,
aliviando mi ceguera
con tu luz de crisantemo.

Y ahí, 
en tus palmas imbricadas de clemencia,
sangró el estigma que redimió mi condena,
que cercenó los eslabones
y suturó las heridas
para que ninguna corriente 
me remolcase a través de ellas,
para que ninguna alimaña las vulnerase 
y le sirviese nuevamente de alimento.

Y ahora 
que la vida me transita en espirales,
que me impulsa a girar como un derviche,
retoña en mí la madera del manglar
con su piel salada y húmeda.

Y ahora 
que tú y yo 
nos recorremos 
por caminos dibujados 
con saliva, 
que tú y yo 
encendemos teas 
con jirones desgarrados en los labios, 
que rodamos por laderas de volcanes 
con los besos labrados en la carne,
que azotamos furiosos los abismos 
con espuma de mareas fragorosas,
ahora que tú y yo
nos reencontramos,
somos tú y yo, 
solos tú y yo en el horizonte.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Le Baiser" (1868), Carolus-Duran. Palais des beaux-arts de Lille, France

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domingo, 28 de febrero de 2016

ARCOÍRIS (LA CONDICIÓN HUMANA)


A Luis de la Rosa

La claridad acomoda sus embriones
en el diamante pulido 
de las gotas,
con la esperanza 
de que tal sementera 
procure la eclosión de sus fulgurantes vástagos.

Después, la tibieza del aire los acuna 
con opulencia de seda,
con una melodía a contraluz,
y el rojo, hambriento de mundo, 
asoma sus labios de amapola trémula. 

Es el primogénito,
heredero de un linaje de sangre 
que suscita los celos del azul y del añil,
dos caínes embozados con vellones. 

El primero muestra su faz 
de presunto querubín
y despliega alas mientras sonríe
(a todos engaña con su impostura). El otro lo secunda
con no menos acierto, velando sus pupilas 
de abismo eléctrico.

El violeta, aunque dubitativo, 
se une a la conjura,
renegando de la mitad de sus genes
y blandiendo el incienso de sus lavandas
—como un flagelo místico—
sobre la fraterna combadura bermeja.

El verde también se vincula a la misma entente,
pues vive en la creencia mesiánica 
de que la salvación sólo es posible
aniquilando al opositor.

Mas los planes fratricidas
hallan resistencia en el amarillo, 
que no desea confrontaciones 
con el mayor de la camada,
con quien le une la alegría de las pavesas 
que parlotean con lenguas de fuego.

De igual manera, el naranja apoya
a estos dos hermanos
a los que en tanto se asemeja,
pues, como ellos, es risueño y jaranero
y, como ellos, se apasiona y goza
y, como ellos, lleva la riqueza en el corazón
y no en el bolsillo.

Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, 
añil, violeta… todos paridos por el mismo vientre
de azucena inmaculada. 

La noche, con sus ojos de pantera, acecha.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "La chica ciega" (1856), John Everett Millais. Birmingham Museum and Art Gallery

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domingo, 31 de enero de 2016

DORMIR












Morir es dormir... y tal vez soñar
(“Hamlet”, William Shakespeare)

Cuando dormimos,
nuestra punta de iceberg muere,
aunque nadie le rece un réquiem,
pues, salvo excepciones,
resucita en cuanto despertamos
—y lo hace armada con filo de puñal—,
acuchillando entonces la parte sumergida;
si bien alguna vez un rayo de luz
—con vértigo de relámpago—
vierte una porción de ese pecio
sobre la refulgente masa retoñada,
y ese cristal de hielo
no es sino el espejo de Alicia.

Sólo en esos momentos
podemos arañar una mínima fracción
y con ella traspasar el plateado azogue,
sentir la vibración en nuestras nucas
de otro mundo
dentro de nuestro mundo,
sentir ese embrión de locura —esa borrachera
que nosotros mismos
y cuanto nos rodea hemos fraguado—
que nos guía a cada paso, a cada bocanada,
para que volemos como ángeles
pese a carecer de alas.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Sol ardiente de junio" (1895), Frederic Leighton. Frick Collection de Nueva York (en cesión del Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico)

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jueves, 3 de diciembre de 2015

FELICIDAD


Felicidad es una palabra
que se articula con la boca muy abierta,
transformando la garganta en un arroyo cristalino
y elevando comisuras y agudos
con pulmones de soprano.
No es fácil pronunciarla, no,
cuesta vocalizar cada una de sus sílabas,
porque cualquier repentino enfriamiento
paraliza la laringe con un carámbano
que termina por ser estalactita,
y ni siquiera el ruiseñor,
trinando indiferente a las lindes
cercadas con alambre de púas,
puede servir de ejemplo.
Resulta trabajoso incluso deletrear
signos tan escogidos,
pues se encasquillan en los labios
antes de que la lengua pueda percutirlos.

Pero
a veces la fortuna acecha,
y aletean insectos fluorescentes
en medio de la noche circular que forma la pupila,
destellos encendidos de luciérnaga
virando del rojo al verde,
del calor de la risa a la armonía,
y entonces las cejas
se levantan y alzan vuelo, y son garzas solemnes,
detrás van las mejillas, ahuecando sus lomos,
los dientes, que relucen su precioso marfil,
y la barbilla, que gira en la bisagra del cuello,
inclinándose hacia arriba y hacia atrás,
como abriendo la tapa del cofre de un tesoro.

A veces la fortuna acecha,
emboscada tras el matorral y los barrotes,
izando su bandera con la voz
de un vértigo lujurioso y transparente.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: "Crepúsculo", Jared Joslin

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