miércoles, 23 de mayo de 2012

VUELVE, SIRENA.

 Ese mar arcaico y abisal
que ha nutrido al mundo
de mitos y leyendas,
reclama tu presencia, sirena.

Los caballitos de mar
te envían mensajes
insertados en botellas
que a la deriva navegan,
envidiosos de un destino
de aguas fuera;
quisieran ser los corceles
de la carroza de Cenicienta
o veloces purasangres
compitiendo por el oropel
de un trofeo en Ascot,
a la sombra de mil pamelas.

Y los narvales anhelan
ser unicornios
y acompañar en un cuadro,
a la casta y bella dama
que Rafael retratara.

Mas los pulpos, ¡ay, los pulpos!
ya no salen de su asombro
al ver que no tienes alas,
que no vuelas, sino nadas,
con esa cola de escamas
que relumbra con su plata.

Vuelve, sirena, al redil
del océano gentil que un día te inventara,
eres Venus submarina
con el torso de Nereida y, como ella,
ayudas a los marinos en su vigilia obligada,
pues se enamoran de ti, de tu cabello encendido
de cobre, azafrán y fuego,
de la perla de tu rostro,
de tus pechos voluptuosos,
de tu canto que enajena...

Vuelve, sirena, y que olviden
que las alas te mutaron por una cola de pez,
y sin sexo te dejaron.

Mayte Dalianegra.

Pintura: "The land baby" ("Hija de la tierra"), John Collier (1850 - 1934).

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