viernes, 20 de mayo de 2011

ME HAS TRAÍDO LA DICHA.

Me has traído la dicha
cuando el corazón me latía despacio,
desvanecido por el dolor,
fragmentado en millares de partículas,
como un vidrio templado
roto por la desidia y el desamor de quien
retribuía mis afectos con las miserias del engaño y la traición.

Llegaste con el embate de las olas
de un océano profundo y abisal,
con el latido del Magreb en los ventrículos
y el aroma de una concubina sellándote los poros.

Llegaste, amor,
con furia de eterna primavera,
la de esas esmeraldas que guarnecen tus cuencas
y brillan cual cometas bajo tus pobladas cejas.

Me legas la pasión por tanto tiempo deseada
y en mis labios una sonrisa de amapola fresca,
roja y rozagante,
de pétalos de seda prestos a volar con los alisios.

Me quedo con el virginal sabor de tus labios
y el deseo humedeciéndome los muslos,
me quedo rebosante como hembra en plenilunio,
ávida de tu imagen, de tus efluvios,
del salobre regusto de tus músculos.

Me quedo, amor,
con la esperanza de verte a cada minuto,
de saber de ti, de tus pormenores,
de vivirte en cada una de tus letras,
en cada uno de los sonidos que nacen en  tu boca,
pues mi vida sin ti sería una lóbrega caverna,
un agujero inmundo,  triste y oscuro, del que jamás lograría huir.

Mayte Dalianegra.

Pintura: “Paolo y Francesca”, Edward Charles Halle, (1846-1914).

Safe Creative #1105209259699