domingo, 26 de agosto de 2012

ÉXODO

A la génesis  mexica

Aztlán,
la isla
—un anillo lacustre la abraza—,
es un blanco embrión palpitante,
epicentro de útero acuático,
una garza de albura vibrando
en el eco amniótico de la luna,
un paraíso bucólico donde no clama
el ritual del sacrificio.

Ténoch
guía pies con cascabeles de ayoyote,
caminan sin descanso,
caminan sin volverse.

Su Arcadia perdura
en la memoria de la serpiente,
en la memoria del jaguar.

Lejos,
en el horizonte infinito,
espera el águila sobre el nopal.

Mayte Dalianegra

Pintura: detalle del mural “La gran Tenochtitlán” (1945), Diego Rivera. Palacio Nacional, Ciudad de México
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