viernes, 23 de septiembre de 2011

ENTONCES

Entonces,
en aquellos días,
mi voz y yo
nos hallábamos lejanas cual si fuéramos
el eco insondable de una profecía,
lejanas y valiosas como nebulosas cósmicas,
lejanas y ambiguas como fortalezas vacías,
desguarnecidas de defensa alguna en los adarves.

Entonces,
en aquellos días,
toda yo,
toda yo misma
era oro y seda, diamante y rubí
de fulgurante brillo,
coruscante estrella iluminando la noche umbría.

Entonces,
en aquellos días,
llegaste a mí
para extinguir el fuego que en mi interior ardía,
y fue resplandor de relámpago
dejando tras de sí la urna cineraria,
el relicario de lo que otrora fui,
de lo que en mí latía.

Entonces,
ya no existe entonces,
ahora la valía extinta de mi especie, también finada,
renace como Ave Fénix ungida y entronizada,
vuelve de nuevo la vida a rugir
en sus entrañas, vuelve de nuevo la lucha
a enardecerle las venas
y a tomarla por morada.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Molly, duchess of Nona”, (“Molly, duquesa de Nona”),  1905,
Frank Cadogan Cowper

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