domingo, 15 de marzo de 2015

AGOSTO EN EL CAIRO

Era agosto en El Cairo,
mes de noches tan cálidas
que impiden dormir
en las alcobas;
y allí estábamos,
compartiendo la noche
y el humo voluptuoso de una shisha
en El Fishawy,
el café que nunca cierra.

Naguib Mahfuz ya no se reflejaba
en la plata vetusta y turbia de sus espejos,
si bien algo suyo vibraba aún en el aire
como un testimonio del fuego.
Una presencia reveladora,
quizás del trazo de su letra,
quizás de sus huellas
—impresas accidentalmente
sobre alguna de las bandejas de latón
que hacían las veces de veladores—;
o tal vez una de sus palabras
podría haberse quedado apresada
en el sofocante calor nocturno
—seguro que buscando el rayano
callejón de Midaq
y sus ansiados milagros emergiendo del limo—,
y volvía a nosotros
como diariamente volvía el dios Ra
—desde la oscuridad—
a iluminar la vida.

(Mayte Dalianegra)

Pintura: “Vista de El Cairo”, Jean León Gérôme (1824-1904)

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