sábado, 14 de julio de 2012

SORRENTO, CAPRI...


Sorrento…

Una sierpe ondulante cerca
—con sus escamas azules—
la osamenta desnuda
de su acantilado.

Sorrento…

Una tortuga con caparazón de jade
—milenaria e inmóvil—
le hipnotiza la mirada
y le besa la frente con rumor de caracola.

Capri…

los siglos enjugaron
las lágrimas inocentes
—derramadas sobre el vértigo
de sus farallones—,
silenciando los palacios del dolor.

Ahora se acuna la calma del verano
mientras el Tirreno —vibrante y cristalino—
arroba la pupila del viajero.


(Mayte Dalianegra)

Pintura: “The sea from Capri” (“El mar de Capri”), 1875, William Stanley Haseltine

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