domingo, 12 de enero de 2014

CICLO ETERNO

Cuando el tiempo de la noche
se extingue apuntando al alba,
la madrugada se tiñe de azul cobalto,
descollando entre las crestas umbrías
de las techumbres.

Nace entonces un sol de otoño
apagado de arrebatos,
de amantes despidiéndose de sueños
hidratados en suspiros.

La vida rota sobre su eje
y, como siempre, retoma el rumbo
de una apática estrella de luz cansina.

Nada sorprende ya a las desgastadas
pupilas de la memoria,
todo culmina como todo empieza,
con la rutina habitual
del quehacer doméstico,
con la preocupación baladí
por aquello que no sobrevivirá al momento,
y con la indolencia de asistir, un día más,
a la desaparición de nuestro propio e íntimo evangelio.

Mayte Dalianegra

Pintura: “Le mouvement perpetuel” (“El movimiento perpetuo”), 1935, René Magritte
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