martes, 21 de enero de 2014

APARECISTE

Bebía del cáliz
de la tristeza,
de ese grial sacralizado
en altares solitarios.

Libaba la niebla de las tardes grises,
la lluvia fría y fina
que la rueca del invierno
con mano paciente hilaba,
y elevaba mis palmas abiertas
hacia el cielo,
en infructuosa espera
de alguna divina providencia.

Entonces.
en un instante tan fortuito como súbito,
apareciste.
No vislumbré en aquel momento
—ni siquiera hasta bastante después—
el alcance
de nuestro encuentro, pero apareciste.
No portaban tus manos
el disco solar de Atón,
ni irradiaba tu testa aura alguna.
Eras un hombre
en apariencia como tantos otros,
mas no lo eras, mas no lo eres,
pues contigo,
los inclementes hielos
se trocaron
en gualdos campos de ranúnculos.

Se instaló en mí la colorida primavera.


Mayte Dalianegra

Pintura: "Flora" (1894), Evelyn de Morgan
Safe Creative #1202281214599